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viernes, septiembre 04, 2015

Nuestra Señora de la Consolación

HIMNO

Virgen en cuyo seno
halló la deidad digno reposo,
do fue el rigor en dulce amor trocado,
si blando al riguroso
volviste, bien podrás volver sereno
un corazón de nubes rodeado;
descubre el deseado
rostro, que admira el cielo, el suelo adora,
las nubes huirán, lucirá el día;
tu luz, alta Señora,
venza esta ciega y triste noche mía.
Virgen y Madre junto,
de tu Hacedor dichosa engendradora,
a cuyos pechos floreció la vida;
mira cómo empeora
y crece mi dolor más cada punto;
el odio cunde, la amistad se olvida;
si no es de ti valida
la justicia y verdad que tú engendraste,
¿adónde hallará seguro amparo?
Y pues, Madre eres, baste
para contigo el ver mi desamparo. Amén.
Fuente: Liturgia Agustiniana de las Horas

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domingo, julio 10, 2011

XXI Capítulo provincia San José

Nuestra provincia San José comienza mañana -11 de julio de 2011- el XXI Capítulo provincial en San Millán de la Cogolla, La Rioja España. Permaneceremos unidos en oración a nuestros hermanos capitulares, pidiendo al Señor los asista y acompañe en todo momento.

Preces Capítulo provincial

Señor, que prometiste que donde dos o tres estuvieran reunidos en tu nombre, allí estarías Tú en medio de ellos,
- te rogamos que estés presente en nuestro Capítulo Provincial, para que todo lo que en él se realice, se haga en tu nombre y contribuya al bien de la Provincia y de la Orden.

Señor, que vivificas a tu Iglesia con el fuego de tu Espíritu y la diriges con tu luz,
- haz que todos los miembros de nuestro Capítulo Provincial estén animados por el amor del mismo Espíritu, a fin de que todo lo lleven a término según tu voluntad.

Señor, Dios nuestro, haz que nuestro Capítulo Provincial atienda con humildad a los signos de los tiempos,
- y busque confiadamente tu voluntad, bajo la dirección del Espíritu Santo.

Visita, Señor, con tu gracia a nuestros religiosos capitulares,
- ilumínalos con tu Espíritu y revístelos de tu fuerza.

Ilumina, Señor, a nuestros religiosos capitulares,
- para que con toda sabiduría y prudencia, tomen las decisiones que nuestra Provincia necesita.

Derrama, Señor, tu gracia sobre nuestros religiosos capitulares,
- sugiéreles lo que deben decir, revélales el camino por el que deben andar y dales ayuda en lo que han de hacer.

Señor, que dispones las cosas con sabiduría y mueves los corazones con suavidad,
- infunde tu Espíritu en la asamblea capitular para que acierte a encontrar el camino de la auténtica renovación.

Señor, que nos has llamado a la vocación agustiniana para buscarte en común,
- que los capitulares y todos los miembros de la Provincia oremos y trabajemos para que las Ordenaciones, elecciones y nombramientos del Capítulo sean expresión de tu divina voluntad.

Oh Dios, que eres el solo fundamento de nuestra esperanza,
- encomienda el cuidado especial de nuestra Provincia a un hermano que, con tu ayuda, la haga progresar al servicio de tu Iglesia.

Señor, que conoces los corazones de tus hijos,
- concédenos un Prior Provincial que, según el corazón de nuestro Padre San Agustín, sirva santamente a sus hermanos.

Señor, que nos mandaste amarnos los unos a los otros,
- envía tu Espíritu sobre los capitulares para que elijan un Prior Provincial que nos guíe hacia la verdadera unidad en la caridad

Señor, que vivificas a tu Iglesia con la fuerza y los dones de tu Espíritu y la renuevas sin cesar día a día,
- que nuestro Capítulo Provincial sea para todos los religiosos de la Provincia una llamada a ser más fieles a nuestra vocación de consagrados.

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sábado, abril 30, 2011

Beato Juan Pablo II: Oración leída por el Papa Benedicto XVI

ROMA, sábado 30 de abril de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la oración que leyó hoy el Papa Benedicto XVI, en conexión en directo con la Vigilia de Oración celebrada hoy en el Circo Máximo de Roma. La oración fue compuesta por Juan Pablo II, originalmente para la Virgen de Lourdes.

Ave María, Mujer pobre y humilde,
¡Bendita del Altísimo!
Virgen de la esperanza, profecía de los tiempos nuevos,
nosotros nos asociamos a tu canto de alabanza
para celebrar las misericordias del Señor,
para anunciar la venida del Reino
y la plena liberación del hombre.

Ave María, humilde sierva del Señor,
¡ gloriosa Madre de Cristo!
Virgen fiel, morada santa del Verbo,
enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra,
a ser dóciles a la voz del Espíritu,
atentos a sus llamados en la intimidad de la conciencia y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia.

Ave María, Mujer del dolor,
¡ Madre de los vivientes!
Virgen esposa ante la Cruz, nueva Eva,
sé nuestra guía por los caminos del mundo,
enséñanos a vivir y a difundir el amor de Cristo,
a permanecer contigo junto a las innumerables cruces
sobre las cuales tu Hijo está aún crucificado.

Ave María, Mujer fiel,
¡ Primera discípula!
Virgen Madre de la Iglesia, ayúdanos a dar siempre
razón de la esperanza que está en nosotros
confiando en la bondad del hombre y en el amor del Padre.

Enséñanos a construir el mundo desde dentro:
en la profundidad del silencio y la oración,
en la alegría del amor fraterno,
en la fecundidad insustituible de la cruz.

Santa María, Madre de los creyentes,
Ruega por nosotros.

Amén.

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sábado, marzo 19, 2011

Dolores y Gozos de San José

En el convento de carmelitas del Desierto de las Palmas, cerca de Castellón de la Plana, hay un paseo con los dolores y gozos de San José, que tienen escritos en azulejos los siguientes versos. Me gustaron tanto que los copié y los presento en mi espacio junto a las demás poesías.

Primer Dolor y Gozo
El primer dolor tuviste
viendo encinta a vuestra Esposa
y a esta pura, intacta rosa
abandonarla quisiste,
y aunque esta pena fue triste,
tuviste gozo en saber,
que había Dios de nacer
de tu Esposa Virgen pura,
lo que un ángel te asegura
para mostrar tu deber.

Segundo Dolor y Gozo
Segundo dolor mostráis
mirando el Verbo humanado
sobre pajas reclinado,
y de su pena lloráis.
Entre peñas abrigáis
al que es Salvador del mundo
y tenéis gozo segundo
viendo que ángeles y cielo
cantan la gloria en el suelo
a este misterio profundo.

Tercer Dolor y Gozo
El tercer dolor que oprime
tus entrañas paternales
es ver correr los raudales
de sangre con que se imprime,
a costa de un Dios que gime,
todo el rescate del hombre.
Y el gozo fue con el nombre
de Jesús, Santo, inefable,
que un ángel te dice afable
se llame y así se nombre.

Cuarto Dolor y Gozo
El cuarto dolor y llanto,
que os aflige el corazón,
fue cuando el viejo Simeón,
lleno de Espíritu Santo,
predijo la pena y llanto
y muerte del Salvador.
Pero templó este dolor
el gozo tan deseado
de habernos Dios rescatado
de la culpa y deshonor.

Quinto Dolor y Gozo
El quinto dolor te causa
un Herodes ambicioso
y a Egipto huyes presuroso
con tu Dios, Esposa y casa.
A aquel la ambición le abrasa,
y tú, gran gozo tuviste
cuando los ídolos viste
en Egipto por el suelo,
que fue el premio a tu desvelo
y al demonio pena triste.

Sexto Dolor y Gozo
El sexto dolor tuviste
viendo que no está segura
de Jesús la vida pura
en el Belén del que huiste.
El gozo, en sueño, tuviste
cuando un ángel reverente,
dijo: a Galilea vente
con el Niño y con su Madre,
porque ya su Eterno Padre
quitó a Herodes de la gente.

Séptimo Dolor y Gozo
El dolor séptimo ha sido
cuando el niño enamorado
quiso ocultarse en sagrado
y le lloraste perdido.
Pero fue el gozo cumplido
y debido a tu eficacia,
porque en ti no es gran desgracia
el haber perdido a Dios,
porque nadie, si no es vos,
le pierde y se queda en Gracia.

(Tomado de: Página personal de Manuel M. Domenech Izquierdo)

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martes, octubre 19, 2010

NOVENA A SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI (IX)

Día noveno

Reflexión: Martirio de santa Magdalena.
A primeros de octubre de 1634 comunican a Magdalena la condena a muerte. Debe morir en el terrible tormento de la horca y hoya. Con ella, han condenado a la misma pena a diez compañeros de prisión. Los condenados son conducidos al lugar del suplicio. Abre la marcha un alguacil, que proclama a voz en grito el bando de la sentencia de muerte. Sigue Magdalena, encabezando el grupo, como una capitana. Va vestida con su hábito negro y la correa de las terciarias agustinas recoletas. Lleva a la espalda un letrero con la motivación de su condena a muerte: "por no querer renegar de la ley de Cristo".

Por su juventud y belleza, por su intrépido valor, por sus encendidos discursos a los verdugos y a los cristianos, que ven pasar la comitiva, atrae las miradas de todos. Ve entre la gente a varios de sus amigos portugueses, que tantas veces la han ayudado con sus limosnas cuando andaba escondida por los montes, y a otros muchos conocidos. Serán testigos maravillosos en su proceso de canonización. Llegados al lugar del tormento, los verdugos cuelgan en la horca a Magdalena cabeza abajo y con los brazos atados contra el cuerpo. Medio cuerpo, hasta la cintura, ha quedado introducido en el pozo que está debajo de la horca... Los verdugos esperan inútilmente alguna señal. No se oyen sino los débiles suspiros de la víctima, que habla con el Señor e invoca, dice un testigo, a la Virgen María, Madre de Dios, y a Jesús... Sumida en altísima contemplación, como a Jesús en la cruz, se la oyó exclamar, dice un testigo: "Tengo sed".

Los soldados, compadecidos, le ofrecen un vaso de agua. Pero ella dice “que su sed no era de esa agua, y que Cristo Nuestro Señor le daría del agua que ella deseaba". Trece días duró el suplicio. Todos estaban admirados de la resistencia de la joven: los paganos no se lo explicaban; los cristianos veían en ello un prodigio de Dios. Al fin, el cielo se llenó de densos nubarrones, y una lluvia abundante cayó sobre la tierra; el pozo se inundó, y la joven Magdalena murió ahogada. Los soldados quemaron el cuerpo y esparcieron sus cenizas en el mar para que no cayesen en manos de los cristianos. La muerte de Magdalena causó una profunda impresión tanto en los cristianos de Nagasaki como en los paganos, al punto que los soldados que la vigilaron durante el martirio contaban a los portugueses, llenos de estupor, el comportamiento prodigioso de la joven. Los cristianos recordarán durante mucho tiempo el martirio y los ejemplos de la joven terciaria agustino-recoleta. Y pocos años después, en el proceso de beatificación de Macao, testificarán numerosos sobre la sencilla heroicidad hasta el martirio de la joven Magdalena, que supo sacrificar su hermosura por amor a Cristo y dio a todos un estupendo ejemplo de fortaleza y de valor cristiano.

Para añadir a la oración comunitaria:

- Por todos los difuntos de las fraternidades seglares agustino-recoletas, para que gocen do la eterna felicidad junto con Magdalena en la Casa del Padre. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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lunes, octubre 18, 2010

NOVENA A SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI (VIII)

Día octavo

Reflexión: Magdalena se entrega voluntariamente.

Magdalena quiere dar su vida por Cristo, y dar ejemplo a los cristianos vacilantes en su fe. Pero si quiere ser arrestada y condenada a muerte, tendrá que autodenunciarse, ya que los guardias han tenido tantas ocasiones de apresarla y no lo han hecho. Ella lo ha pensado mucho y decide entregarse. Sus amigos le suplican que no los abandone. Pero su espíritu victimal, sus ansias de ser como Jesús, hostia propiciatoria, sus anhelos de ir a gozar de la compañía de sus familiares y de sus padres espirituales, pueden más que los ruegos de los amigos.

Un buen día de septiembre de 1634 se viste con el hábito de terciaria, y se arregla como quien va a una fiesta, y, después de despedirse de los terciarios y cristianos, baja decidida a la ciudad. En su mano lleva un hatillo. La valerosa catequista se presenta a los guardias, vestida de terciaria. Un verdadero desafío. Pero los guardias, dice un cronista, "le dicen que es mujer moza y flaca y no podrá sufrir tan terribles tormentos... Y aunque ella replicó que quisiera quedar presa, no la oyeron y ni la quisieron prender".

No se da por vencida Magdalena y decide presentarse directamente a los jueces. Alega que es cristiana, que los guardias no la han querido apresar y que quiere ser juzgada. Los jueces registran su misterioso hatillo: hay en él un libro espiritual en japonés de Fr. Luis de Granada -¿La Guía de Pecadores?- y un calendario para seguir las fiestas de precepto. Son el cuerpo del delito. Los jueces mandan meterla en una de las jaulas-prisión. Las autoridades demuestran sumo interés en hacer apostatar a la joven. Sus padres eran nobles y ella tenía mucha fama en Nagasaki. Le dicen que es joven, que es hermosa, le ofrecen riquezas, le prometen casarla con uno de los principales señores del Japón. Pero ella responde que ya estaba casada, que era esposa de Cristo Nuestro Señor, que nadie la apartará de su Amado. De las promesas pasan a las amenazas y a las torturas. Esperan doblegar a Magdalena, aplicándole los tormentos que ya han doblegado a otros. La cuelgan de los brazos, dejándola varias horas suspendida en el aire. Parecióles a los jueces, sigue el testigo, que con el dolor, desconyuntados los brazos, habría mudado su intento, y volviéronla a preguntar si quería dejar la ley de los cristianos... Respondió "que estuvieran ciertos que ni por éste, ni por otros muchos mayores que la diesen, dejaría la ley cristiana". Intensifican el tormento: "le meten cañas tostadas entre las uñas de los dedos de las manos y le ordenan que con los dedos así clavados .y acañaverados arase y arañase la tierra..."Después de otros variados y refinados tormentos, vuelven a Magdalena a la jaula. Durante todo ese mes, Magdalena se dedica a prepararse para el martirio. Los amigos que la visitan, la ven: "alabando al Señor", "llena de alegría por sus tribulaciones".

Para añadir a la oración comunitaria:

- Por todas nuestras fraternidades seglares agustino-recoletas, para que imiten la intrepidez de santa Magdalena en testificar su fe. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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domingo, octubre 17, 2010

NOVENA A SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI (VII)

Día séptimo

Reflexión -.Magdalena, misionera solitaria.

El cuatro de septiembre, llegaban al Japón otros dos misioneros agustinos recoletos: Martín de san Nicolás, zaragozano, y Melchor de san Agustín, granadino. Con algunos terciarios agustino-recoletos japoneses, que les han preparado un escondite, se ocultan en los montes. Allí los encuentra Magdalena, la infatigable catequista, la heredera espiritual de Francisco y Vicente. Los abraza y los presenta orgullosa a los cristianos. Les sirve con devoción y trata de hacerles aprender la lengua. De noche los lleva a otros refugios para que administren los sacramentos a los moribundos. Ella, que conoce muy bien los parajes, va y viene. Como una diaconisa, lleva la comunión a los enfermos. Pero Martín y Melchor siguen muy pronto por el camino del martirio a Francisco y Vicente. Y Magdalena queda en cierto modo, huérfana. Y esta vez para siempre. Ha quedado completamente sola en las montañas de Nagasaki. Asistirá a la última y más cruel embestida de la persecución. Con gusto se entregaría al martirio. Pero siente la responsabilidad de sus hermanos, los terciarios agusti-no -recoletos. Además, la reclaman los pobres, escondidos en los montes. No puede abandonar a los que ha ayudado a nacer en la fe, a los que ha levantado en el camino. Recorre los montes para com-partir las penas y aflicciones de los cristianos. Todos reclaman su presencia. Su sonrisa inspira sere-nidad y da vigor al espíritu. Pone en práctica las nociones de medicina que había aprendido del pa-dre Vicente, y cura y atiende a los enfermos. Infunde en todas partes optimismo. Casi no hay sacer-dotes ya por los montes de Nagasaki. Y Magdalena, con gran sacrificio, trata de suplir su falta.

Entre tanto, la persecución se hace cada vez más dura. Durante el suplicio de la horca y hoya algu-nos cristianos, incluso algún misionero, han renegado de la fe. No basta ya la palabra encendida de Magdalena. Hace falta una víctima, que sirva do ejemplo y dé testimonio de fortaleza a los atemori-zados cristianos. Y Magdalena se pregunta si no debe dar la cara al enemigo y ofrecerse como víctima. Su ejemplo podrá servir quizá para frenar aquel triste desfile de apostasías. Por otra parte, no logra borrar de su recuerdo a su familia, a sus padres espirituales, a tantos terciarios que están gozando de la dulce compañía de Dios. Quiere encontrarlos y encontrar a su Amado. En su pecho arde una llama que la empuja irresistiblemente hacia Cristo.

Para añadir a la oración comunitaria:

- Por todos los que vacilan en su fe, o se dejan atenazar por la duda para que con nuestro ejemplo sepan hallar a Cristo Camino, Verdad y Vida. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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sábado, octubre 16, 2010

NOVENA A SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI (VI)

Día sexto

Reflexión: Magdalena presencia el martirio de sus padres espirituales.

Día 18 de noviembre de 1629. Los esbirros de Unemedono buscan a los misioneros escondidos en los montes cercanos a Nagasaki y sorprenden al padre Francisco, postrado en tierra, que en fervoro-sa oración ofrecía alegre al Señor su vida. Lo ataron cruelmente y lo condujeron a las cárceles del mismo palacio del gobernador, donde encuentra al agustino padre Bartolomé Gutiérrez y al jesuita japonés Antonio Ishida. Magdalena asiste impotente y llorosa a la captura de todos estos misione-ros, que ella conocía y, sobretodo, a la de su padre Francisco. Pocos días después es capturado en una isla cercana a Nagasaki el padre Vicente, su padre espiritual, su inseparable compañero de tan tos trabajos y fatigas. Todas estas noticias llenan de infinita amargura a Magdalena. Recuerda el día en que apresaron a sur padres y hermanos y, como entonces, derrama lágrimas amargas. Su primera preocupación es visitar a sus padres espirituales, que se han juntado en la cárcel. Los encuentra en-cerrados en jaulas estrechas y bajas, atenazados sus pies con cepos de hierro. A pesar de todo, están contentos y cantan himnos al Señor. Esto levanta el ánimo de Magdalena. Después, fueron traslada-dos a las cárceles de Omura. Escriben a Magdalena, y le dicen que están contentos y le dan consejos para que prosiga su trabajo de apostolado.

Después de dos años, vuelven, siempre aprisionados, a Nagasaki. Magdalena puede visitarlos, reci-bir sus consejos personalmente y contarles tantas cosas. Poco después, Magdalena ve sacar a los prisioneros de sus jaulas para atormentarlos en las hirvientes aguas de Unzen. "Los llevaban, dice un testigo, en caballos, amarradas las manos, y les iban siguiendo muchas mujeres, hombres y ni-ños..., a los cuales ellos predicaban la fe cristiana". Entre las mujeres estaba Magdalena, que tam-bién está junto a ellos cuando regresan del martirio de las aguas sulfurosas. Y los visita varias veces en la prisión. Los encuentra demacrados, pero alegres en medio de sus sufrimientos. Ella se siente confortada cuando va a visitarlos. Es su mensajera, su mano derecha, el mejor enlace con los cris-tianos que todavía resisten y andan escondidos por los montes. Y cuando el 3 de septiembre de 1632 son quemados vivos en el "Monte de los Mártires", Magdalena, como las santas mujeres al pie de la Cruz, asiste llorosa al supremo sacrificio. También aquel día era viernes. Seis columnas (eran seis los quemados ese día) de humo negro y denso van a unirse en las alturas, como único holocausto ofrecido al Señor. Y Magdalena se volverá a los montes a seguir siendo el aliento y la consolación de los cristianos.

Para añadir a la oración comunitaria:

- Por los pobres, los afligidos, los desesperados, para que encuentren en la fe la fuente de la esperanza y de la verdadera vida. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Nuestros hermanos de la Fraternidad Seglar de Arequipa nos envían su saludo al LIV Capítulo General.
Capítulo General



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viernes, octubre 15, 2010

NOVENA A SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI (V)

Día quinto


Reflexión: Magdalena, colaboradora eficaz de los misioneros.

Magdalena es desde el principio el brazo derecho de los padres Francisco y Vicente. Vive en su casa, formando una familia, les sirve con amor casto y se une a sus rezos. Es el enlace de los padres con los cristianos. Los conduce de noche a casa de de los enfermos y moribundos, o de los que tienen necesidad de sacramentos. Su buena formación religiosa, su natural simpatía, su ardiente amor a Cristo, su afán por dar a conocer a su Amado, le convierten en una catequista sin igual, en una mensajera de paz.

Su vida y la vida de los padres, no está exenta de peligros, sino todo lo contrario. Son tiempos de persecución, y de martirio de cuantos caen en las manos de los esbirros de los gobernadores de Nagasaki. Los padres y la misma Magdalena se ven envueltos en continuos peligros. Cambian continuamente de casa y no saben dónde poner los pies. En 1626, deciden separarse los padres: Francisco va al norte del Japón; Vicente queda en Nagasaki. Y junto a él, Magdalena. Y con él continúa su misión de apostolado. El abundante trabajo y la desolación que se abate sobre los cristianos no logran abatir el ánimo de Magdalena y de su padre espiritual. El 8 de septiembre de 1628 Magdalena asiste a un nuevo espectáculo horrible: plantada una hilera de 12 columnas rodeadas de leña húmeda, atan en ellas a otros tantos cristianos. Delante de las columnas, otra hilera de 12 víctimas. A un golpe de espada, las cabezas ensangrentadas caen a los pies de los que después son quemados vivos.

En estas circunstancias, hay cabezas de familia, que momentáneamente reniegan de la fe. Pero pronto, bajo la acción de los misioneros y catequistas, la proclaman de nuevo. Es ésta la principal ocupación de Magdalena. Conoce a todos los cristianos y todos la respetan. Recorre ansiosa los hogares, anima a los caídos a levantarse, les echa en cara su traición, les hace ver la brevedad de la vida, la gloria que les espera si perseveran en la fe aun a costa de su sangre. Sus palabras son fuego que encienden los ánimos, y a la vez bálsamo que cura las heridas e infunde fuerza y serenidad. El padre Francisco vuelve a Nagasaki, y los dos misioneros, con la preciosa ayuda de la incansable Magdalena, logran sostener a la dispersa cristiandad de Nagasaki. Atraen, además, a cientos, a terciarios y cofrades de la correa de la Consolación.

Para añadir a la oración comunitaria:

— Por el aumento y perseverancia de los catequistas, sobre todo en los territorios de misión, para que colaboren asiduamente a la extensión del reino de Cristo. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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jueves, octubre 14, 2010

NOVENA A SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI (IV)

Día cuarto
Reflexión:Magdalena en la escuela de los beatos Francisco de Jesús y Vicente de san Antonio.

El 20 de junio de 1623, un grupo de once misioneros, procedentes de Filipinas, consigue burlar la estrecha vigilancia japonesa y desembarcar en el puerto puerto de Ichiki. Entre ellos van dos agustinos recoletos; uno español, Francisco de Jesús, y otro portugués, Vicente de san Antonio. Ambos tienen 33 años y se distinguen por la austeridad de su vida, por su pobreza, por su ardor apostólico. El ardor y el ímpetu que nace de su carisma, de su íntima unión con Dios, les hará producir muchos frutos. Vicente se queda en Nagasaki; Francisco sigue hasta la isla de Hiroshima para aprender la lengua, y volverá a Nagasaki al año siguiente.

La joven Magdalena se siente atraída por la austeridad de la vida, por el celo apostólico y por el aura de espiritualidad que emana de los dos frailes recoletos. Así había concebido ella la vida de una persona consagrada a Dios. Desea asemejarse a ellos, unirse a su labor apostólica, aprender de sus labios el secreto de su espiritualidad. Ha hablado muchas veces con el padre Vicente y le ha expuesto sus inquietudes y sus deseos. El buen misionero la ha comprendido y la ha animado a vestir el hábito de terciaria agustina recoleta. Es lo que deseaba la joven Magdalena. "Con humildad y lágrimas, dice su biógrafo, pidió al santo Fray Francisco de Jesús, Vicario Provincial..., le diese el hábito de religiosa". Era probablemente el año 1624. Y un año más tarde, emitiría los votos de obediencia y de virginidad.

Magdalena no es propiamente una religiosa. Es una terciaria seglar agustina recoleta; una persona consagrada que vive el ideal agustino recoleto trabajando en el mundo. Desde el día de la profesión, forma parte de la familia agustino-recoleta. Ha perdido a sus padres, pero ha encontrado otros padres que la aman en Cristo y la dirigen en el camino de la vida hacia la santidad. Y encuentra pronto también una numerosa familia que la arropa. No está ya sola. Otros hermanos terciarios y terciarias van engrosando en Nagasaki la familia. Ella, Magdalena, joven en años, es sin embargo la primogénita, la hermana mayor, la que da a todos ejemplo de austeridad y de celo apostólico.

Para añadir a la oración comunitaria:

Por todos nuestros amigos y compañeros, para que encuentren en nosotros el ejemplo de vida entregada a Cristo y de fidelidad a nuestro compromiso bautismal. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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miércoles, octubre 13, 2010

NOVENA A SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI (III)

Día tercero

Reflexión: Martirio de los padres y hermanos de santa Magdalena.

Los años de 1615 a 1622 han sido años de numerosos martirios entre los cristianos de Nagasaki. Magdalena acompaña, si bien pequeñita, a sus padres, que siguen a esos cristianos condenados a muerte hasta el lugar del suplicio. El acceso es libre, y asisten muchísimos cristianos, entonando a una con los mártires cantos al Señor, mientras las víctimas eran decapitadas, crucificadas o quemadas a fuego lento. El espíritu de los cristianos se enardece y se prepara a derramar a su vez la sangre por Cristo. Un día (¿del año 1622?) los esbirros rodean la casa de los padres de Magdalena. El padre es una persona importante, un cabeza de familia, y como tal, tiene que abjurar ante los jueces de su fe cristiana. Pero los padres y los hermanos de Magdalena tienen una fe recia. Están dispuestos a dar mil veces su vida por Cristo, antes que renegar de la fe. Los esbirros se llevan a toda la familia: los padres y los hermanos. Atados como malhechores, los conducen a las angostas y sucias jaulas de la ciudad, donde esperarán la muerte. ¿Y Magdalena? Es todavía una niña de unos once años, y los esbirros no se atreven a poner las manos sobre ella.
La jovencita se queda llorando. No quiere ser separada de su familia. Ignoramos la fecha en que fueron sacrificados.

Quizá formaron parte del grupo de víctimas del Gran Martirio de Nagasaki, de agosto y septiembre de 1622. Aquella escena no la olvidará Magdalena jamás. En el aire han quedado flotando la sonrisa de sus padres y hermanos y la melodía de los cánticos que entonaban mientras los conducían al patíbulo. Magdalena ha perdido lo único que estimaba en su vida. Huérfana, con el pensamiento en el cielo, solo abriga ahora un deseo: consagrarse al Señor y poder derramar un día su sangre por Cristo, su Amado. Libre ya de los cuidados terrenos, sola en el mundo, se dedica a la penitencia, a la oración y al apostolado. "Gastaba muchas horas dice su biógrafo, día y noche, no solamente en devociones y penitencias, sino también en alta contemplación de la pasión de Cristo, redentor nuestro, y de la gloria de los bienaventurado sacando de tales cosas tales afectos que sus ojos eran fuentes de lágrimas".

Para añadir a la oración comunitaria:

Por todos los huérfanos y todos los niños abandonados, para que encuentren en nuestro Padre Dios consuelo, fortaleza y ayuda eficaz. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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martes, octubre 12, 2010

NOVENA A SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI (II)


Día segundo


Reflexión.-Nacimiento e infancia de Magdalena de Nagasaki.

La vida de toda persona se desarrolla en un determinado ambiente y queda marcada por el lugar y las circunstancias en que ha vivido. No comprenderemos la figura de la joven Magdalena sin tener presentes los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en Nagasaki durante su corta existencia y que le tocaban en primera persona. Allí vivió casi toda su vida.

Nagasaki, situada en la parte occidental de la isla de Kyushu, se desarrolló enormemente en las últimas décadas del siglo XVI. Y se convirtió en una ciudad-refugio a la que afluían los cristianos desterrados, en un centro cultural y, sobre todo, en un centro de expansión misionera. La llamaban "la pequeña Roma". Por sus calles, alegres y bulliciosas, pululaban comerciantes portugueses, españoles, japoneses. Se celebraban matrimonios entro europeos y japoneses.

Hacia el 1587, Nagasaki pierde su independencia y pasa a depender de la administración central. Y comienzan las trabas contra los cristianos. Cuando nace Magdalena, de padres cristianos en 1611, Nagasaki cuenta con más de 50.000 católicos. Un padre agustino recoleto escribe así a los seis años del martirio de Magdalena: "Hubo en la ciudad de Nagasaki una doncella hermosísima, llamada Magdalena hija de padres nobles cristiano', y virtuosos que, como tales, a ella y a otros hijos que tuvieron, los criaron en el temor de Dios, inclinándoles a huir de todo lo malo". En efecto, sus padres, de alto linaje, se desvelaron por dar a la niña una esmerada educación. No les faltan los medios para hacerla estudiar, pues poseen grandes extensiones de tierra en Arima. La niña respondo a los afanes de sus padres. Es una niña bella, afectuosa, de mirada dulce, de inteligencia precoz, y le gusta rezar y asistir a los actos de culto. Magdalena pasa su primera niñez en el ambiento sereno de la familia. Sus padres se han refugiado en Nagasaki, donde reina todavía la tranquilidad y pueden dar una buena educación a sus hijos. Cristianos de vieja estampa, llevan a Magdalena a los actos de culto. Pero su tranquilidad durará poco. Sin embargo, al destierro de los misioneros, en1614, sigue en Nagasaki un período de relativa calma, que aprovechan los familiares de Magdalena para instruir cristianamente a los hijos y prepararlos a afrontar los períodos de persecución que están en el aire.

Para añadir a la oración comunitaria:
• Por todos los padres y madres católicos, para que eduquen cristianamente a sus hijos y los preparen a vivir una vida de fidelidad a Cristo y amor a los demás. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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lunes, octubre 11, 2010

NOVENA A SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI

Rito de entrada para todos los días:


V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.

Oración
Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe, concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Se lee la reflexión propia para cada día)

Oración de los fieles para todos los días:
Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.
Después de cada invocación, respondan todos juntos:
Te rogamos, óyenos.

- Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R- Te rogamos, óyenos.

- Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R Te rogamos, óyenos.

- Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R Te rogamos, óyenos.

- Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Oración final para todos los días:
Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Día primero

Reflexión: Comienzo del cristianismo en el Japón. Persecución.

El 15 de agosto de 1549 desembarcaba san Francisco Javier en las costas del Japón. Además del padre Cosme de Torres, le acompañaban tres jóvenes japoneses, que había convertido en Malaca. Javier comenzó a predicar el Evangelio y a bautizar a los primeros cristianos de las islas. Estuvo en Japón dos años escasos. Pero el surco abierto por él fue fecundado por los misioneros jesuitas hasta fines del siglo XVI. Después, se unieron misioneros de otras órdenes: franciscanos, dominicos, agustinos. Y pudieron predicar con relativa paz y tranquilidad el Evangelio hasta la segunda década del siglo XVII. En torno al 1613, se desencadenó la terrible persecución contra los católicos y contra los misioneros españoles y portugueses. Es difícil describir sucintamente la historia del largo calvario que sufrió la naciente Cristiandad del Japón durante unos cincuenta años. Los historiadores están acuerdo en afirmar que la persecución japonesa fue mucho más sistemática, refinada y cruel que la persecución de los primeros siglos de la Iglesia.

Los japoneses no deseaban crear mártires. Hubieran quedado despobladas diversas ciudades. Les interesaba hacer apóstatas. El edicto del Shogun Ieyashu de 1614 ordenaba eliminar "sin pérdida de tiempo a todos los cristianos, de tal manera que no tengan lugar donde poner los pies". Cuantos se negaran a apostatar del cristianismo, serían condenados a muerte. Los misioneros extranjeros debían abandonar inmediatamente el país. Había en Japón en aquel entonces unos 150 misioneros. Casi todos fueron concentrados en Nagasaki y después expulsados del país. Quedaron escondidos en Japón unos 42 misioneros. A la expulsión siguió la destrucción de las iglesias, cruces, cementerios y de toda clase de símbolos cristianos. Y la iglesia del Japón escribió una de las más gloriosas páginas de la historia de martirio de la Iglesia católica.

Para añadir a la oración comunitaria:
Por todos los agustinos recoletos seglares, para que sepamos vivir con autenticidad nuestra consagración y para que nuestra vida atraiga a muchos a seguir a Cristo más de cerca. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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viernes, noviembre 28, 2008

Oraciones



ORACIÓN DE LA MADRE GESTANTE

Señor Dios nuestro, Padre, Hijo y Espíritu Santo: te adoro como comunidad trinitaria y fuente de vida en el cielo y en la tierra.

Te doy gracias, Padre bueno, por haber pensado en mí desde toda la eternidad: tú pronunciaste mi nombre y me creaste mujer. Tanto confiaste en mí, que me has llamado a ser madre, a ser colaboradora tuya en la transmisión de la vida y de la fe.

Gracias, Señor Jesús, porque, siendo Dios, quisiste tener una madre en la tierra para hacerte hombre como nosotros. Tú llenaste del Espíritu a la santísima Virgen María para que cumpliera su especial vocación. Así la hiciste modelo de todas las madres redimidas por ti. Apoyada en ella, te pido que derrames tu Espíritu sobre mi marido y sobre mí, para que cumplamos los planes del Padre: dar vida a nuestro hijo y transmitirle la fe.

Te doy gracias, Espíritu Santo, señor y dador de vida: ven sobre mí y sobre la criatura que estoy gestando. La confío a tu acción santificadora para que se desarrolle con bien hasta que la dé a luz. Gustosamente acepto los sacrificios del embarazo y las molestias que suponga para mí esta gestación. Asísteme, Espíritu consolador, y purifícame de todo mal para que pueda transmitir sólo vida y ternura a nuestro hijo. Te pido que esta criatura sea la alegría de mi marido y de toda la familia.

Gracias, Santísima Trinidad, por llamarme a formar con mi esposo la comunidad conyugal. Gracias por el don de mi marido, el mayor regalo que he recibido.

Con él me siento feliz disfrutando del amor mutuo, y ahora formando con nuestro hijo una verdadera familia a imagen de la comunidad trinitaria. ¡Qué maravillosos son tus designios, Dios mío, y qué insospechadas experiencias reservas para tus fieles! ¡Cómo no alabarte, si me has dado el esposo querido, los hijos y la vida de fe!

Señor Jesucristo, tú nos dejaste a María como madre. A ella me dirijo confiada: Virgen María, tú eres modelo para mí como mujer, y sobre todo ahora como madre gestante. Quiero contemplar la dulzura de tu rostro para poder imitar tu maternidad. Junto a ti también admiro a tu esposo, el fiel José. Te pido, Virgen María, que con mi esposo sepamos imitar los ejemplos de tu sagrada familia. Tú eres mi consuelo y fortaleza. Enséñame a dar vida contigo a esta criatura que el Señor nos regala.

Te suplico, Madre santa, que todo esto me lo alcances de tu Hijo bendito, por intercesión de santa Mónica, que gestó a sus hijos dándoles a luz en la vida y en la fe. Así sea. Amén.


ORACIÓN DE LOS PADRES QUE ESPERAN UN HIJO


Señor Dios nuestro, con todo amor nos ponemos en tu presencia como pareja de esposos que tú has bendecido. Te damos gracias por llamarnos a formar una comunidad conyugal abierta a la vida y a la plenitud del amor. En particular te damos gracias, Señor, porque estás bendiciendo nuestro matrimonio dándonos al hijo que esperamos ilusionados.

Las palabras nos resultan cortas para expresar la felicidad que sentimos, y la emoción que embarga nuestros corazones. Resulta maravilloso experimentar que tú nos haces colaboradores tuyos para trasmitir la vida. Nos llena de gozo el saber que somos creadores contigo de esta nueva criatura, nuestra y tuya a la vez, Dios nuestro, fuente de vida.

Conscientes de la grandeza de esta vocación de esposos y padres, queremos ahora purificarnos de todo mal para ser canales limpios por donde pase la vida y la fe a nuestro hijo, a nuestra familia, a la Iglesia, al mundo. Queremos ser signo de tu amor, sacramento de tu misterio de vida y comunión.

Deseamos ser siempre una pareja ejemplar y formar una familia santa para gloria tuya. Como no podemos alcanzar esas metas sino con tu gracia, ahora rezamos el uno por el otro y nos bendecimos mutuamente en tu nombre y en tu amor.

(Marido-padre) Te doy gracias, Señor, por el don de mi esposa. Ella me hace cercano tu amor, tu perdón y tu preocupación por mí. Ella es la prueba de que me amas y me tomas en serio. Por eso, te doy gracias todos los días de mi vida y te pido que me hagas digno de un don tan maravilloso. Quiero sinceramente ser mejor esposo y padre cada día. A la vez, te pido perdón si no he sabido valorar a mi mujer debidamente, si he sido duro con ella. Perdón por cualquier debilidad con la que le haya defraudado y ofendido. En adelante prometo, con tu gracia, ser más delicado y responsable en todos mis comportamientos, particularmente ahora durante la gestación. Quiero darle a mi esposa cariño y protección en estos momentos, para que la criatura pueda sentir a través de nosotros el infinito amor que tú le tienes desde siempre.

Que yo sea un sacramento de tu amor providente para mi esposa y para nuestro hijo. Quiero que ellos descubran en mi conducta responsable y fiel tu presencia protectora en nuestro hogar. Amén.

(Esposa-madre) Te doy gracias, Señor, por mi marido, el mayor regalo que me has dado en la vida, junto con esta criatura que se está formando dentro de mí. Me siento feliz de poder cumplir tu voluntad, como lo hizo María, siempre confiada y alegre en tu presencia. Señor, que se haga también en mí lo que tú dispongas: quiero ser la alegría de mi esposo y de mi hijo, para su satisfacción y para gloria tuya. Perdóname si he causado preocupación a mi marido o si le he defraudado en algo. Por mi parte, estoy segura de que me darás cuanto necesite como esposa y madre. Creo en ti, Señor, pero aumenta mi fe y mi esperanza.

Santa María, Virgen y Madre, confío en ti; necesito tu ternura y fortaleza. Que esta criatura se parezca lo más posible a tu hijo Jesús. Que nuestro hijo se desarrolle sano de cuerpo y alma hasta que nazca. Así sea. Amén.

Señor Dios nuestro, te damos gracias por esta oración que nos has permitido dirigirte con amor. Que podamos cumplir con alegría y generosidad lo que te hemos prometido. Ten misericordia de nosotros pues somos débiles, pero confiamos en ti. Pues si tú nos regalas esta criatura, tú mismo nos ayudarás a cumplir la misión que nos confías.

Por eso, Padre de bondad, concédenos ser generosos dadores de vida. Señor Jesús, que acariciabas a los niños, bendice a nuestro hijo para que nazca sano y sea nuestra alegría y felicidad. Espíritu divino, ven sobre nosotros y asístenos mientras dure esta gestación, para que nuestro hijo sea lleno de gracia y bendición. Señor Dios nuestro, reina en nuestra familia. Es tuya, te la consagramos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.


ORACIÓN POR LA VIDA

Juan Pablo II

Santa María, aurora del mundo nuevo,

Madre de los vivientes,

a ti confiamos la causa de la vida:

mira, Madre, el número inmenso

de niños a quienes se les impide nacer,

de pobres a quienes se les hace difícil vivir,

de hombres y mujeres víctimas

de la violencia inhumana,

de ancianos y enfermos muertos

a causa de la indiferencia

o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo

sepan anunciar, con firmeza y amor,

a los hombres de nuestro tiempo

el Evangelio de la vida.

Alcánzales la gracia de acogerlo

como don siempre nuevo,

la alegría de celebrarlo con gratitud

durante toda su existencia,

y la valentía de testimoniarlo

con solícita constancia, para construir,

junto con todos los hombres de buena voluntad,

la civilización de la verdad y del amor,

para alabanza y gloria de Dios Creador,

y amante de la vida. Amén


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martes, noviembre 25, 2008

Oraciones

ORACIÓN POR LA FAMILIA
AGUSTINO- RECOLETA

Te bendecimos, Señor, Padre Santo,
por Jesucristo, tu Hijo,
que en la unidad del Espíritu Santo,
instituyó la Iglesia como sociedad santa,
la colmó de bendiciones,
y la dotó de múltiples carismas.

En el seno de esta sociedad
y como expresión de su santidad
brotaron las numerosas familias religiosas,
cuyos hijos e hijas, observando los consejos evangélicos
de castidad, pobreza y obediencia,
tratan de seguir e imitar más fielmente a tu Hijo
Jesucristo,
y anticipan, con sus vidas, el reino futuro.

Te agradecemos que, entre estas familias religiosas,
se encuentre la Recolección,
que impulsada por un especial carisma colectivo
y deseando vivir con un renovado fervor
la vida consagrada agustiniana,
sigue a Cristo, busca la verdad,
está al servicio de la Iglesia
y se esfuerza por conseguir la perfección de la caridad,
viviendo en comunidad de hermanos,
según el propósito y el espíritu
de su padre San Agustín.

Te alabamos, Señor, porque desde sus comienzos
has asistido con tu gracia a esta familia,
la has protegido en las dificultades
y has suscitado en ella abundantes frutos de santidad.

Por todo ello, te damos gracias, Señor,
y te suplicamos que la sigas asistiendo,
que la hagas rica en vocaciones,
que des a sus miembros
la gracia de ser fieles a su carisma,
y de vivir con profundidad y entrega
su consagración religiosa.

Que tu amor,
que nos une en convivencia comunitaria de hermanos,
se difunda a todos los hombres
para ganarlos y unirlos en Cristo dentro de tu Iglesia.

Te presentamos nuestra oración humilde y confiada
apoyados en la intercesión de nuestra Señora de la
Consolación,
de nuestro padre san Agustín
y de todos los santos de la Orden.

Por Jesucristo, Señor nuestro,
en comunión con el Espíritu Santo,
ahora y por todos los siglos.

R/. Amén.

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Señor Dios nuestro:
haz que el clamor de tu voz llegue a muchos;
que se levanten y vivan unidos en ti.

Prepara sus corazones con tu palabra,
de modo que se dispongan
a evangelizar a los pobres
y a cuidar de tu mies abundante.

Señor, que todos los llamados
a la vida agustino-recoleta
escuchen tu voz
y puedan cumplir tu voluntad.

Amén.

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viernes, noviembre 07, 2008

Oraciones



Oración de la madre por la fe de sus hijos


Padre y Señor nuestro, fuente de toda vida, somos madres cristianas. Con vuestra bendición y la cooperación de nuestros maridos, hemos concebido para esta vida temporal a nuestros hijos. Pero nuestra misión no termina con el nacimiento de los hijos: queremos también concebirlos para la vida eterna.

Para lograrlo, insistimos con igual devoción y constancia que santa Mónica en estas peticiones, repitiendo esta súplica: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, como santa Mónica, guiemos a nuestros hijos hacia ti con nuestra propia vida, más decididamente cristiana cada día: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que nos esmeremos en lograr la plena cooperación de nuestros maridos en sembrar y consolidar la fe de los hijos: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, como santa Mónica, tratemos bien a nuestros hijos, y procedamos en todas las circunstancias con dulce serenidad, autoridad y amor: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que estemos pendientes de la evolución del carácter de nuestros hijos, y atentas a los diversos ambientes en que se desenvuelve su vida: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que de tal modo comuniquemos la fe a nuestros hijos, que ellos se preocupen de vivirla y transmitirla a los demás: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o hijas el germen de una consagración religiosa o sacerdotal, seamos generosas colaboradoras de su vocación: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que transmitamos a nuestros hijos el conocimiento y amor a la parroquia en que vivimos, y les enseñemos a colaborar en las tareas apostólicas de las mismas: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, si algún hijo nuestro se desvía del buen camino, los padres sepamos cercarlo de amor, oraciones y consejos, hasta conseguir su retorno a la fe y a la práctica religiosa: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, en el trato con otras madres, nos interesemos por sus necesidades, despertemos en ellas su responsabilidad cristiana y logremos integrarlas a la vida de la parroquia y de la Iglesia: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Oración a la Virgen María
Nuestra Señora de la Consolación

Virgen María, Madre del Consuelo, que consolaste a santa Mónica, dándole la inmensa alegría de ver el triunfo de la gracia divina en la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín: sé también nuestro consuelo. Danos el gozo de ver a nuestros hijos firmes en la fe que en sus almas sembramos desde que los concebimos en nuestro ser.

Y si alguno se ha desviado, danos la alegría de verlo retornar a la fe, y así poder gozarnos en la realización definitiva de nuestro ideal como madres cristianas. Amén.

Oración conclusiva

Señor Dios nuestro, fuente de toda familia, concédenos que, imitando a santa Mónica, vivamos nuestra fe cristiana con dedicación y alegría en medio de nuestros hogares.

Y que, como ella, sepamos influir positivamente sobre la fe de nuestros hijos, de tal modo que algún día tengamos el gozo inmenso de verlos junto a nosotras en tu Gloria, por toda la eternidad. Así sea.



Oración de los padres por la fe de sus hijos

Padre y Señor nuestro, fuente de toda familia, somos un matrimonio cristiano. Como esposos, formamos una comunidad conyugal gracias al Espíritu derramado en nuestros corazones por el sacramento del matrimonio. En virtud de tu llamada, nos sentimos padres dadores de vida. En esta oración compartida te rogamos, Dios nuestro, que la fe cristiana oriente toda nuestra vida, individual y familiar.

Con tu bendición hemos engendrado a nuestros hijos para la vida temporal. Pero nuestra vocación nos pide colaborar con tu gracia y engendrarlos también para la vida eterna. Ya que de ti los hemos recibido como un don precioso, confiamos que nos concederás cuanto necesitamos para hacerlos hijos tuyos. Sólo así lograremos ser padres en plenitud, y nos sentiremos felices con nuestra vocación de esposos y padres.

Para lograrlo, hemos escogido como patrona y modelo a santa Mónica. Ella alcanzó la felicidad entregándose a su esposo de todo corazón y cuidando a los hijos, en especial a su hijo Agustín. Santa Mónica, perseveró en la súplica constante por los suyos hasta convertirlos a ti plenamente. Como ella, también nosotros te presentamos nuestras peticiones, y repetimos en sincera comunión de fe y sentimientos esta súplica: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que miremos siempre a la Sagrada Familia de Nazaret como modelo de nuestro hogar, e imitemos sus virtudes domésticas: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que durante toda nuestra vida sepamos colaborar contigo en la generación y educación de nuestros hijos con responsabilidad y amor: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que seamos dóciles a la acción del Espíritu derramado sobre nuestros hijos en el bautismo, y los hagamos crecer sanos de cuerpo y alma, siendo nuestro contento y felicidad: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que nuestros hijos vivan felices en el seno de un hogar lleno de fe y de ternura que tratamos de construir día a día sostenidos por el Espíritu: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que ambos colaboremos activamente en la preparación de la primera comunión de nuestros hijos, y los guiemos hacia la confirmación de su fe personal y adulta: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que logremos que nuestros hijos aprecien los sacramentos de la penitencia y la eucaristía, y junto con nosotros vivan la fe, sobre todo los domingos y fiestas religiosas: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, como santa Mónica, tratemos bien a nuestros hijos; y si hubiera que reprenderlos, lo hagamos con serenidad, autoridad y amor: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o hijas el germen de una vocación religiosa o sacerdotal, sepamos colaborar contigo para consolidarla y agradecerla: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que si alguno de nuestros hijos vacila en la fe o se desvía de ella, nosotros sepamos cercarlo de consejos y oraciones, hasta que retorne a la fe: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que demos ejemplo a nuestros hijos y nietos en su ardua tarea de formar verdaderos hogares auténticamente cristianos: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que al tratar con otros padres, avivemos en ellos su preocupación por el porvenir y bienestar espiritual de sus hijos, y logremos acercarlos a la vida de la parroquia y de la Iglesia: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Oración a la Virgen María
Nuestra Señora de la Consolación


Virgen María, dulce Madre de La Consolación, que consolaste a santa Mónica dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo transformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín haciéndolo cristiano; se también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos avanzar con paso firme por el camino de esta vida, iluminados por la fe cristiana y católica. Así, confiados en tu protección, esperamos alcanzar nuestro ideal de esposos y de padres cristianos y tener a los hijos junto a nosotros en la gloria, para siempre. Amén.

Oración a san Agustín

Bienaventurado padre san Agustín, tú llegaste a la fe por la oración de tu bendita madre santa Mónica; tú creías, y así lo enseñabas, que una madre cristiana sólo culmina su misión cuando logra poner a sus hijos en las manos de Dios y en el seno de la Iglesia católica; te pedimos atiendas nuestras súplicas por nuestros hijos y nietos, para que les ayudemos a vivir en la verdad; y, si llegan a desviarse de nuestra fe, los hagamos volver al buen camino.

Glorioso san Agustín, que una vez convertido te consagraste al servicio divino como religioso, y al servicio de la Iglesia como sacerdote y obispo; alcánzanos de nuestro Padre Dios que, si alguno de nuestros hijos o hijas siente la vocación sacerdotal o religiosa, nosotros le ayudemos en su decisión y en su fidelidad a la llamada. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Oración de las madres Viudas

Padre y Señor nuestro, somos madres cristianas viudas. Creemos que tú eres padre de los pobres, defensor de las viudas y protector de los huérfanos. De ahí que, con toda confianza, recurrimos a ti buscando consuelo y fortaleza, pues a veces nos sentimos tristes y abandonadas. Creemos que tú eres el único que nos puede comprender plenamente. Por eso te damos gracias.

En especial te agradecemos el esposo que nos diste. Queremos aceptar con fe y alegría que ya descanse en ti. Tú sabrás recompensarlo. A tus manos lo confiamos. De ti lo recibimos, a ti lo devolvemos y en ti esperamos encontrarlo para siempre en la gloria.
Reconocemos agradecidas que nuestros esposos fueron un don y sacramento de tu amor para nosotras y nuestros hijos. Perdónanos porque no siempre supimos verlos y tratarlos según tus designios. Aunque nos falta su presencia física, sentimos, sin embargo, que nos acompañan espiritualmente en nuestros trabajos y proyectos.

Te bendecimos, Padre santo, porque tú lo dispones todo para nuestro bien. Deseamos cumplir tu voluntad, y queremos darte gracias siempre y por todo lo que permites que nos suceda.

Finalmente, te damos gracias porque en nuestro desvalimiento nos ofreces el ejemplo maravilloso de santa Mónica, que hizo felices a los suyos llevándolos a ti y alcanzando ella misma la plena felicidad en ti.

Al amparo de tan admirable intercesora, te presentamos todas nuestras preocupaciones repitiendo esta plegaria: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, como santa Mónica ya viuda, saquemos fuerza de la debilidad y seamos padre y madre de nuestros hijos en todas sus necesidades, sobre todo espirituales:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que sintamos la compañía de nuestros esposos que nos contemplan desde el cielo y ruegan por nosotras, y así podamos perseverar en nuestra vocación hasta el final:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que sepamos perdonar las ingratitudes y olvidar las ofensas causadas por nuestros maridos ya difuntos: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o nietos el germen de una consagración religiosa, sacerdotal o misionera, seamos generosas colaboradoras de su vocación: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que seamos prudentes y respetuosas con nuestros hijos y nietos en sus asuntos personales y familiares, sin privarles de nuestra colaboración en la construcción de sus hogares cristianos: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, en nuestra condición de viudedad, Dios sea nuestro consuelo y fortaleza que nos permita experimentar la plenitud de vida, continuación y superación de la dicha que gozamos con nuestros maridos: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que en nuestro estado cultivemos con más ahínco la vida espiritual y el compromiso en las tareas apostólicas de la parroquia y de la Iglesia: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

-Para que busquemos con verdadero celo apostólico a las madres viudas como nosotras que se sientan solas o deprimidas, y logremos acercarlas a Dios: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, en el trato con otras madres viudas, nos interesemos por sus necesidades, las acompañemos con prudencia y solidaridad hasta despertar en ellas su vocación cristiana, y logremos integrarlas a la vida de la Iglesia: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!


Oración a la Virgen María
Nuestra Señora de la Consolación

Virgen María, Madre de la Consolación, que te mostraste a santa Mónica ya viuda, y la consolaste dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo transformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín haciéndolo cristiano; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos y nietos firmes en la fe cristiana que en ellos sembramos desde su más tierna infancia, y felices por la sincera práctica religiosa. Amén.

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Acerca de este blog

La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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