lunes, mayo 29, 2017

ABRIR EL HORIZONTE

Ocupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?

    Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte, está creciendo en la sociedad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

 Por otra parte, está creciendo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el Planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

      Sin embargo, el desarrollo de la ciencia y la tecnología está logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

     Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va “salvando” solo de algunos males y de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano, empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

      ¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia ni doctrina ideológica. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal.

     Sin embargo, no pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra. Al parecer, no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras del aquél gran científico y místico que fue Theilhard de Chardin: “Cristianos, a solo veinte siglos de la Ascensión, ¿qué habéis hecho de la esperanza cristiana?”.

      En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida, trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de Bondad y de Amor. Dios es una Puerta abierta a la vida que nadie puede cerrar.
José Antonio Pagola
 

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domingo, mayo 28, 2017

ASCENSIÓN DEL SEÑOR - Reflexión

En la fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos celebramos la vuelta de Jesús al Padre. Vuelve porque vino antes. Jesús ha recorrido un camino de venida y regreso, de ida y vuelta. Vino enviado por el Padre para llevar a cabo la misión de redimir a la humanidad. Vino a los suyos, dice Juan en el evangelio, y, aunque muchos no lo recibieron, a quienes sí lo acogieron los hizo capaces de ser hijos de Dios.

Nos ha liberado de la esclavitud el pecado y nos ha comunicado una vida nueva. Cumplió a cabalidad con la misión que el Padre le había encomendado, dio su vida por amor a todos, y resucitó.
Ahora, cumplida su misión, vuelve al Padre. Y con él asciende en esperanza toda la humanidad redimida por él. Nos ha abierto el camino que lleva a la vida para siempre. Por eso hoy es un día de triunfo y de gloria para él y, de manera anticipada, para todos nosotros. Así lo dice o reconoce la oración colecta de la misa: “La ascensión de Jesucristo es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo”.

Dice Jesús en otro lugar: “Me voy a prepararos un sitio…, volveré y os llevaré conmigo, para que donde yo estoy, estéis también vosotros”. San Pablo pide que Dios nos ilumine para que comprendamos la esperanza a la que estamos llamados, la riqueza de gloria que da en herencia a los santos (los creyentes).  Que Dios nos ayude a esperar con gozo la vida para siempre en Dios.
Cristo vuelve al Padre, pero nos deja una tarea importante a todos los creyentes, a todos sus seguidores, a todos nosotros. Nos pide que continuemos en la tierra su misión, que no es otra sino evangelizar. Que seamos su prolongación ahí donde estamos, trabajamos y vivimos. ¿Qué significa esto? Se trata de vivir nuestra fe, y no ocultarla, testimoniarla sin miedo a nada y a nadie, y trabajar para que otros puedan ser también creyentes. Lo dice así Jesús hoy: “Id y haced discípulos de todos los pueblos”.

No podemos replegarnos en nosotros mismos para vivir nuestra fe de manera privada. No podemos desentendernos de la tarea que nos ha encomendado el Señor. No podemos limitarnos a mirar al cielo y no evangélicamente a la tierra en que estamos plantados. Si así fuera, mereceríamos el reproche de los ángeles a los discípulos: “Qué ha-céis ahí mirando al cielo?”. ¡Hala! A construir todos el reino querido por Jesús.

No es fácil la tarea que nos asigna el Señor. Porque soplan vientos contrarios a todo aquello que esté relacionado con nuestra fe. En un mundo en el que predomina lo superficial, el goce inmediato, la indiferencia, el relativismo, resulta complicado anunciar el Evangelio. Y porque es muy difícil cumplir con esta misión, añade Jesús: “Sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. No cabe garantía mayor.

Si Cristo está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros? Es la hora ser cristianos comprometidos. No nos escondamos cuando veamos que nuestro mundo necesita la Buena Noticia. Seamos luz y, como dice el Papa Francisco, medicina. La gracia que has recibido en el Bautismo no es para ti, tú eres un administrador que debe poner sus bienes al servicio de la construcción de la comunidad para bien de los hermanos. Que podamos decir al final de la jornada: "Señor, cumplimos lo que nos mandaste, danos lo que nos prometiste" (San Agustín, Sermón 395)

San Agustín decía también que la necesidad de trabajar seguirá en la tierra, pero el deseo de la ascensión ha de mirar al cielo: "aquí la esperanza, allí la realidad", dice el santo. Con frecuencia se ha acusado a los cristianos de desentenderse de los asuntos de este mundo, mirando sólo hacia el cielo. No podemos vivir una fe desencarnada de la vida. La Iglesia somos todos los bautizados, luego todos debemos implicarnos en la defensa de cosas tan importantes como la defensa de la vida, de la dignidad del ser humano, de la justicia y de la paz, del gozo de creer.

P. Teodoro Baztán Basterra, OAR.

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sábado, mayo 27, 2017

La Primera, María

No sabemos si aquella mañana del domingo visitaste a tu madre,
pero estamos seguros de que resucitaste en ella y para ella,
que ella bebió a grandes sorbos el agua de tu resurrección,
que nadie como ella se alegró con tu gozo, y
que tu dulce presencia fue quitando uno a uno los cuchillos
que traspasaban su alma de mujer.

No sabemos si te vio con sus ojos,
mas sí que te abrazó con los brazos del alma,
que te vio con los cinco sentidos de la fe.

Ah, si nosotros supiéramos gustar una centésima de su gozo.
Ah, si aprendiésemos a resucitar en ti como ella.
Ah, si nuestro corazón estuviera tan abierto
como estuvo el de María aquella mañana del domingo.

José Luis Martín Descalzo

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viernes, mayo 26, 2017

DISCRIMINACIONES PRENATALES


Mientras en numerosas naciones se trabaja intensamente por superar discriminaciones de tipo cultural, racial, socioeconómico, por promover una sociedad en la que se respete y asista a los discapacitados, el útero de la madre se ha convertido en una especie de “paraíso discriminatorio”, en un lugar peligroso.

        Se trata de una situación extraña y compleja. Continuamente se aplican nuevas normas para insertar a los discapacitados en la vida ordinaria. Se pide que los edificios tengan rampas para las sillas de rueda, que los colegios acojan a niños minusválidos y los traten con normalidad, que haya cuotas de alumnos provenientes de clases sociales más desfavorecidas en las universidades, que se supriman barreras raciales que marginen a grupos humanos.

        Mientras, toda una industria de la discriminación permite y, a veces, exige el realizar diagnósticos prenatales que buscan, fundamentalmente, descubrir deformaciones o enfermedades en los embriones y fetos. Si un ser humano no nacido tiene algún tipo de discapacidad, su eliminación está permitida. No faltan los casos en los que se presiona explícitamente a las mujeres para que lo aborten.

        Todo ello no es sino el resultado de una mentalidad discriminatoria, quizá de la máxima expresión de la misma. En estos casos no se aísla o margina a quien sufre alguna enfermedad o no goza de ciertas cualidades deseadas por los padres, sino que simplemente se suprime su vida, a veces con dinero público.

        Algunos países han llegado a aprobar leyes con la que resulta plenamente “normal” la eliminación de embriones y fetos que morirían poco tiempo después de nacer (no faltará quienes alarguen este criterio a algunos meses o años), como si esto fuese un bien para la sociedad. Según este criterio, sólo sería protegido en el seno materno el hijo que tuviese buena salud. Los demás son discriminados, condenados a un aborto mal llamado “terapéutico”.

        En este contexto se coloca una observación importante: algunos diagnósticos prenatales conllevan un cierto porcentaje de errores. Esto significa que algunos test declararían sanos a embriones o fetos que serían enfermos, lo cual permitiría el nacimiento de hijos no deseados. Otras veces, también por error, se declararían enfermos a embriones o fetos sanos, y así serían abortados quienes podrían haber nacido con aquellas cualidades que la sociedad exige para “otorgar” el derecho a vivir.

        Esta observación, sin embargo, es marginal. El centro de la cuestión no está en que “estamos eliminando fetos sanos” o “se nos están escapando fetos enfermos”. La pregunta que no podemos rehuir es esta: este individuo humano, este hijo, ¿vale menos porque no reúne las condiciones de perfección que imponen algunos adultos, porque tiene la síndrome de Down, porque tiene un defecto físico?

        Los defensores de los derechos humanos tienen un campo de trabajo enorme para superar esta situación de injusticia. Ninguna nación progresista puede permitir la discriminación de seres humanos que sufran alguna discapacidad. Ni fuera ni dentro del útero materno.

        Los médicos, a su vez, llamados a ser promotores de la salud, no pueden dedicarse sólo a curar a los adultos minusválidos y enfermos y permitir, al mismo tiempo, la muerte de embriones y fetos “inferiores”. Cualquier discriminación, en ese sentido, demuestra la degradación ética de un pueblo que mide el valor de los individuos humanos según cualidades físicas socialmente reconocidas: quienes no alcanzan un mínimo de perfección estarían condenados, si están todavía en el útero de sus madres, a su eliminación.

        Superar la mentalidad discriminatoria exige un trabajo serio, profundo, por defender la dignidad de cada ser humano. Nadie puede ser eliminado por no ser perfecto, por estar enfermo, o porque va a morir más temprano o más tarde.

        La vida es un tesoro frágil que exige respeto y apoyo. Sólo desde ese respeto tendremos una medicina digna de un mundo más justo y más abierto a los débiles, a los marginados, a los enfermos, a todos los hombres y mujeres sin distinciones o prejuicios discriminatorios.

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Acerca de este blog

La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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