martes, enero 24, 2017

Un daño para la afectividad

Muchas personas se encuentran con que la imagen que en su interior tienen del sexo está distorsionada. Notan que sus ojos se han enturbiado. Que se ha dañado su afectividad, y su imagen del sexo no es precisamente la de un modo de expresar amor tierno y profundo a la persona amada. Que su imaginación y su memoria están artificial y enfermizamente polarizadas hacia el deseo sexual.

        —¿Y qué crees que deben hacer?

Para descubrir la riqueza del amor pleno, para llegar a conocer y a enamorarse de verdad, y no simplemente desear a otro para saciar el afán de sexo, necesitarán un notable esfuerzo para que su atención no quede absorbida por los aspectos externos y meramente sexuales de la otra persona.

De entrada, conviene no asombrarse demasiado al ver lo intenso que puede llegar a ser el instinto sexual sobrealimentado por esa omnipresencia de lo erótico. Ese tirón puede ser en efecto muy fuerte, y por momentos presentarse incluso de modo agobiante. Encauzarlo rectamente será indudablemente costoso, pero no un esfuerzo permanente, pues se presenta solo en algunos momentos puntuales. Para quien aprende a mantenerse a una prudente distancia de las ocasiones más claras, puede decirse que es solo un pequeño conjunto de esfuerzos aislados que no cuestan tanto.

Además, abandonarse al mal uso del sexo suele resultar aún más fatigoso, y con facilidad lleva a angustias y conflictos psicológicos. Basta pensar, por ejemplo, en la ansiedad del chico o la chica que, en vez de disfrutar de la amistad o del noviazgo, pasa la noche probando estrategias diversas, con todo su cortejo de tensiones y frustraciones, hasta conseguir seducir a su presa..., para comprobar después que aquel placer tan anhelado... no era para tanto.

En cambio, la lucha por vivir la castidad brinda al hombre una oportunidad de ganar mucho precisamente en su dignidad como persona, pues una de las cosas que nos distinguen de los animales es que somos capaces de educar nuestros impulsos.

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lunes, enero 23, 2017

¿Y cómo Dios nos lo ha puesto tan difícil?

   —¿Y por qué Dios ha puesto en el hombre ese deseo tan intenso, si luego resulta que es malo?

        Ya hemos dicho que el deseo sexual no es malo de por sí, ni mucho menos. La lujuria -el mal uso del sexo- es una deformación de la legítima apetencia sexual humana, igual que el cáncer de hígado es una alteración del hígado, órgano que nada tiene de innoble. Confundir el deseo sexual con la lujuria sería como confundir un órgano con el tumor que lo está destruyendo.

        De la misma manera que un tumor destruye un órgano cuando sus propias células tienen un desarrollo ajeno a su función natural, puede decirse que la búsqueda del placer sexual fuera de sus leyes naturales produce una alteración en la función sexual natural del hombre.

        Las grandes energías (como el impulso sexual, sin el que la persona no puede madurar como tal), si se desconectan de su unidad humana originaria, pueden desplegar un gran poder de destrucción. La sexualidad bien vivida en el matrimonio es algo estupendo, pero fuera de sus límites naturales es algo realmente peligroso: igual que es estupendo hacer fuego un día de invierno en la chimenea, pero es peligroso encenderlo encima de la moqueta o del sofá.   

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domingo, enero 22, 2017

III Domingo del Tiempo Ordinario -A- Reflexión

Tanto la primera lectura del Libro de Isaías como el evangelio nos hablan de la luz: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tinieblas y sombras de muerte, una luz les brilló.  El evangelio dice que estas palabras de Isaías se cumplen en Jesús. Él ha venido a disipar las tinieblas del pecado, que son símbolo de muerte, y él nos trae una vida nueva.

El que está a oscuras necesita la luz. Cuando se produce un apagón imprevisto en la casa, en la calle o en el trabajo, y es de noche, nos sentimos torpes, incómodos y un tanto desvalidos. Nos desorientamos y, si es en la calle, nos invade el miedo. Hay confusión y malestar. Todos hemos vivido en algún momento esta experiencia. Es una experiencia parecida en cierto modo a la muerte, porque la luz es vida. Sin ella todo es tinieblas. Las tinieblas simbolizan la confusión y el desorden, la desorientación o ir a la deriva, la muerte... En una palabra, el pecado.

La Biblia utiliza muchos simbolismos para presentar un mensaje. El mismo Jesús dice de sí mismo que es el pan de la vida, el camino, la puerta para entrar en la vida. Y que es la luz. Y la luz, en palabras de la biblia, es el mismo Dios que brilla en las tinieblas, la luz que comunica la vida y, con ella, el gozo y la alegría, que anima y ayuda a caminar. Lo dice hoy el profeta: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en tierra de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo...

Mateo retoma estas palabras y las aplica textualmente a Jesús. Las gentes erraban como ovejas sin pastor, dice el evangelio. Desorientación y confusión. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron..., porque prefirieron las tinieblas a la luz. (San Juan). Yo soy la luz del mundo, dirá el mismo Jesús, quien me siga no caminará en tinieblas. Muere en la cruz, era mediodía, dice san Lucas, y se oscureció todo el territorio hasta media tarde, al faltar el sol, que no es otro sino Jesucristo.

¿Qué nos dice todo esto a nosotros? Mucho. Dada nuestra condición humana, caemos muchas veces en situaciones de abatimiento, angustia o depresión por problemas o acontecimientos adversos, y nos domina la tristeza y nos cuesta salir de ella. Otras veces andamos un tanto desorientados y confusos porque oímos otros modos de pensar al margen de Dios, otros criterios nada evangélicos, vemos otros estilos de vida en que, a los que así viven, parece que les va bien. O caemos en el pecado o nos pueden las tendencias al mal, llámese egoísmo, resentimientos, ambición, etc. Y es entonces cuando necesitamos una luz potente e iluminadora. Y la luz, y fuente de toda luz, es Jesús.

Pero para acceder a él es preciso convertirnos. Esta es la palabra. La emplea hoy el mismo Jesús, al inicio de su predicación: Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios. La conversión no se produce únicamente en los que llamamos los grandes convertidos (San Pablo, San Agustín, San Francisco de Asís...). Es tarea obligada para todos. Todos necesitamos ir erradicando de nuestra vida todo aquello que nos impide acercarnos más a Cristo y dejarnos iluminar por él.

Puede haber hoy un sol radiante y ser un día lleno de luz, pero si no abrimos la ventana de nuestra casa, la casa quedará a oscuras, habrá tinieblas dentro de ella. La conversión no es otra cosa que abrir nuestro corazón al Señor para que entre en él, ilumine nuestra vida y nos llene de gozo.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. Son palabras de Jesús. El Señor pasa por nuestra vida y si, al oír su voz, le seguimos, todo cambia. Pedro y Andrés, Juan y Santiago, están pescando, pasa Jesús muy cerca de ellos, los llama, le siguen dejando todo, y su vida cambió. Se acerca también a nosotros y nos llama a seguirle. No hace falta que dejemos nuestra casa, nuestra familia, nuestro trabajo o profesión para seguirle. Pero sí dejar todo aquello que nos impide seguirle como verdaderos discípulos, como verdaderos cristianos. Nos pide encontrarnos con él.

Nadie sale con las manos vacías del encuentro con Cristo. La eucaristía es un encuentro real, personal y comunitario con Él. En ella, su Palabra, cuando la acogemos y hacemos nuestra, es luz que disipa las tinieblas de nuestra noche y orienta nuestro caminar. Su cuerpo es alimento que da vida. Su presencia es ánimo y es consuelo y experiencia de amor. Dejémonos iluminar siempre por Cristo y nos irá bien. Sin duda.
 P. Teodoro Baztán Basterra.

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sábado, enero 21, 2017

Coloquio amoroso

Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
Decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?

-Alma, ¿qué quieres de mí?
-Dios mío, no más que verte.
-Y ¿qué temes más de ti?
-Lo que más temo es perderte.

Un alma en Dios escondida
¿qué tiene que desear,
sino amar y más amar,
y en amor toda escondida
tornarte de nuevo a amar?

Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
para hacer un dulce nido
adonde más la convenga.

Santa Teresa de Jesús

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Acerca de este blog

La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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