domingo, junio 17, 2018

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO -B-

Quien ama corre, y cuanto más intensamente ama uno tanto más veloz corre. 2C 5, 6-10

 Que esta nuestra vida, hermanos amadísimos, es una cierta peregrinación alejados de la patria de los santos, la Jerusalén celeste, lo enseña clarísimamente el apóstol Pablo al decir: Mientras estamos en el cuerpo somos peregrinos lejos del Señor (2Co 5,6). Y como todo peregrino tiene una patria, pues nadie que carezca de ella es peregrino, debemos conocer cuál es la nuestra, adonde conviene que nos apresuremos a llegar, dejando de lado todos los placeres y delicias de esta vida; adonde tendamos y único lugar donde nos es lícito descansar. Dios quiso que en ningún otro lugar tuviéramos descanso verdadero a no ser en aquella patria; pues, si concediera descanso también aquí, no agradaría el regresar. Y llama a esta patria Jerusalén; no la terrena, que aún es esclava con todos sus hijos, según el mismo Apóstol indica (Ga 4,25). Ella fue dada en la tierra cual símbolo oscuro para los hombres carnales, quienes, aunque adoran a un único Dios, sin embargo, esperan de él la felicidad terrena. Hay otra Jerusalén, que dice estar en los cielos: la Jerusalén de arriba, la madre de todos nosotros (Gn 26). La llama madre, cual si fuera la metrópoli, pues «metrópoli» significa ciudad madre. A ella, pues, hemos de apresurarnos; hemos de darnos cuenta deque somos peregrinos hacia ella y que estamos en camino.

Todo hombre que aún no cree en Cristo no se halla ni siquiera en el camino: está extraviado, pues. También él busca la patria, pero no sabe por dónde ha de ir ni conoce dónde se halla. ¿Qué quiero decir al afirmar que busca la patria? Toda alma busca el descanso y la felicidad; nadie a quien se le pregunte si quiere ser feliz duda en responder afirmativamente; todo hombre grita que quiere serlo; pero los hombres ignoran por dónde se llega a esa felicidad y dónde se la encuentra; por tanto, están extraviados. Nadie que no esté en marcha se encuentra extraviado; el extravío surge cuando se inicia la marcha y no se sabe por dónde hay que ir. El Señor te reconduce al camino; al hacernos fieles, creyentes en Cristo, no podemos decir que estamos ya en la patria, pero hemos comenzado ya a caminar por el camino. De esta manera, recordando que somos cristianos, exhortamos y amonestamos a todos los que nos son amadísimos, a quienes yerran en las vanas supersticiones y herejías, a que vengan al camino y caminen por él; así también, quienes ya están en el camino deben exhortarse mutuamente. Nadie llega sino quien está en el camino; mas no todo el que está en el camino llega. Se hallan, por tanto, en mayor peligro quienes aún no poseen el camino; mas quienes ya están en él no deben sentirse todavía seguros, no sea eme, retenidos por los encantos del camino mismo, no tengan suficiente amor para sentirse arrastrados hacia aquella patria, la única en que existe el descanso. Nuestros pasos en él son el amor de Dios y del prójimo. Quien ama corre, y cuanto más intensamente ama uno, tanto más velozmente corre; al contrario, cuanto menos ama uno, tanto más lentamente se mueve por el camino. Y si carece de amor, se ha parado del todo; en cambio, si ansia el mundo, ha invertido la dirección y ha dado la espalda a la patria. ¿De qué le aprovecha el estar en el camino si no avanza, sino que, al contrario, da marcha atrás? Es decir, ¿de qué sirve ser cristiano católico —esto es estar en el camino—, si al amar el mundo marcha por el camino, pero retrocediendo? Vuelve al punto de donde partió. Si alguna emboscada del enemigo que le tienta y le asalta en este camino lo separa de la Iglesia católica o lo arrastra a la herejía, o hacia algunos ritos paganos, o a cualesquiera otras supersticiones o maquinaciones del diablo, ya ha perdido el camino y vuelto al error.


 Por tanto, hermanos, puesto que somos cristianos y católicos, corramos por este camino que es la única Iglesia de Dios, según está predicha en las Sagradas Escrituras. Dios no quiso que permaneciera oculta, para que nadie tuviera excusa; se predijo que iba a extenderse por todo el orbe de la tierra y a mostrarse a todos los pueblos. Y no deben turbarnos las innumerables herejías y cismas; más nos turbarían en el caso de no existir, puesto que han sido predichas. Todos, tanto los que permanecen en la Católica como quienes se hallan fuera de ella, dan testimonio a favor del Evangelio. ¿Qué estoy diciendo? Dan testimonio de que es verdad todo lo que afirma el Evangelio. ¿Cómo se predijo que había de ser la Iglesia de Dios presente en medio de los pueblos? Única, cimentada sobre la roca, invencible para las puertas del infierno. Las puertas del infierno son el principio del pecado: La paga del pecado es la muerte (Rm 6,23), y la muerte pertenece ciertamente a los infiernos. ¿Cuál es el inicio del pecado? Preguntemos a la Escritura. El principio de todo pecado, dijo, es la soberbia (Si 10,15); y si la soberbia es el principio del pecado, la soberbia es la puerta de los infiernos. Considerad ya qué es lo que ha engendrado todas las herejías; no hallaréis ninguna otra madre a no ser la soberbia. Pues cuando los hombres presumen mucho de sí mismos, llamándose santos y queriendo arrastrar a las masas tras de sí, sólo por soberbia dieron origen a las herejías y a los cismas, útiles ambos. Mas como a la Iglesia católica no la vencen los hijos de la soberbia, es decir, todas aquellas herejías y cismas, por eso mismo se predijo: Y las puertas del infierno no la vencerán (Mt 16,18).

Por consiguiente, hermanos, como había comenzado a decir, estamos en camino; corramos con el amor y la caridad, olvidando las cosas temporales. Este camino quiere gente fuerte; no quiere perezosos. Abundan los asaltos de las tentaciones; el diablo acecha en todas las gargantas del camino, por doquier intenta entrar y hacerse dueño. Y a aquel de quien se adueña, o bien le aparta del camino o bien le retarda; le vuelve atrás y hace que no avance, o le saca del camino para sujetarle con los lazos del error y de las herejías o cismas y llevarle a otros tipos de supersticiones. El tienta o mediante el temor o mediante la codicia; primero mediante la codicia, sirviéndose de promesas y buenas palabras o de la seducción de los placeres; cuando se encuentra con que el hombre desprecia tales cosas y que en cierto modo ha cerrado contra él la puerta de la codicia, comienza a tentarle por la puerta del temor, porque, si ya no deseabas adquirir nada en este mundo, cerrando así la puerta de la codicia, aún no has cerrado la del temor si aún temes perder lo que has adquirido. Permaneced fuertes en la fe (1P 5,9); que nadie os induzca al engaño mediante ningún tipo de promesa, que nadie os fuerce a engañar bajo ninguna amenaza. Cualquier cosa que sea lo que te promete el mundo, mayor es el reino de los cielos; cualquiera que sea la amenaza del mundo, mayor es la amenaza del infierno. En consecuencia, si quieres superar todo temor, teme las penas eternas con que te amenaza Dios. ¿Quieres pisotear todos los deseos de la concupiscencia? Desea la vida eterna que te promete Dios. Aquí cierras la puerta al diablo, aquí se la abres a Cristo.
S 346B

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sábado, junio 16, 2018

EN DEFENSA DEL MÁS DÉBIL

      Una señal de progreso de un pueblo es el esfuerzo por superar las discriminaciones, las violencias y las injusticias hacia los miembros más débiles de la sociedad.

        La historia nos muestra que tal progreso no ha sido nunca fácil, que se han dado avances y retrocesos. Millones de seres humanos han sido perseguidos o maltratados de mil maneras, simplemente por ser diferentes, pero, sobre todo, por tener una capacidad reducida de defensa, por ser débiles.

        La lista del recuerdo podría ser inmensa. Pensemos en los vencidos después de una batalla: muchas veces quedaban expuestos a todo tipo de violencia por parte de los vencedores. O pensemos en las mujeres en tantos pueblos y culturas, tratadas como ciudadanos de segunda clase, sometidas a infinidad de ultrajes, excluidas de las grandes decisiones de los pueblos, tratadas a veces como esclavas. O en muchos niños, golpeados, mutilados, esclavizados, explotados. O en los esclavos o las personas de una raza o religión diversa, menos “fuerte” que la raza o religión dominante.

        No son cosas que pertenecen al pasado. También hoy se producen casos de masacres de prisioneros o enemigos. También hoy algunos hombres golpean y maltratan a las mujeres. También hoy millones de niños se ven reducidos a condiciones de esclavitud en lugares donde se fabrican, a muy bajo precio, juguetes, aparatos electrónicos o tapices. También hoy los miembros de algunas religiones sufren persecución en diversos países del mundo.

        Frente a tanta prepotencia, el esfuerzo por defender a los débiles tiene que mantenerse siempre alerta. Ha habido conquistas importantes. Se han reconocido en muchos estados del mundo los derechos de la mujer. Se han establecido normas para evitar el abuso de los niños y su explotación en las fábricas o en el campo. Existen convenciones internacionales para defender a los prisioneros de guerra y condenar el uso de aquellas armas que pongan en grave peligro la vida de los civiles. El racismo es atacado por grupos que buscan un mundo en el que nadie sea excluido por el color de su piel, y lo mismo ocurre respecto de la intolerancia hacia los miembros de algunas religiones.

        El esfuerzo por defender a los débiles debe también encontrar maneras para superar nuevas injusticias del mundo moderno. Pensemos, por ejemplo, en el aborto. Cada ser humano hemos vivido una etapa de nuestra existencia como embriones y como fetos. Era un momento de máxima debilidad, de total abandono en el cariño y en el cuerpo acogedor de nuestras madres.

        Sin embargo, en muchos países del mundo se ha desarrollado una nueva cultura de la prepotencia en la que se permite la eliminación de esos individuos no nacidos, incluso como si se tratase de un “derecho” de la mujer.

        No existe ningún “derecho a la prepotencia”. Si en la antigüedad un general vencedor se atribuía el “derecho” de violar o no a las mujeres del pueblo derrotado, hoy sabemos que ninguna situación de “poder” avala la existencia de “derechos” que no son sino injusticias revestidas de apariencias de legalidad.

        Lo mismo vale para el aborto: el hecho de que existan médicos e instrumentos muy perfeccionados en el arte de destruir vidas humanas no nacidas, no permite considerar el aborto como algo aceptable, ni siquiera cuando lo pide una mujer o cuando (cosa que ocurre no pocas veces) cuando otros “fuertes” presionan a la mujer para que se libre cuanto antes de un niño que podría exigir la responsabilidad de un padre muy poco responsable, muy cobarde y, la mayoría de las veces, demasiado prepotente.

        En este campo, como en tantos otros, podemos romper la mentalidad abortista desde la perspectiva de la justicia y del progreso. Pensemos, por ejemplo, en las protestas recientes ante los abortos que buscan eliminar a los fetos femeninos. ¿No es una injusticia contra las mujeres el eliminar, a veces casi de modo sistemático, al no nacido si se trata de una mujer?

        Pero resulta igualmente extraño empezar a defender a los embriones y fetos femeninos, y no proteger a los masculinos. Hacer lo primero sin hacer lo segundo sería como considerar privilegiados a unos fetos (los femeninos), y despreciables o menos importantes a otros (los masculinos). Es decir, sería como dar mayor fuerza al derecho a la vida según una discriminación sexual que ningún pueblo auténticamente justo debería tolerar.

        Algunos, sin embargo, dicen que está mal el aborto en función del sexo del hijo, pero no lo estaría si simplemente se quiere eliminar al feto sin más (independientemente de si es de un sexo o de otro). Esto, sin embargo, va también contra el principio de defensa de los débiles. ¿Es que vale menos una vida humana cuando no tiene ninguna adjetivación, cuando no sabemos si es sana o enferma, si es chico o chica, y vale más cuando ya conocemos su sexo u otras características que pueden interesar a sus padres o a la sociedad?

        Esto podemos aplicarlo a las numerosas enfermedades que se descubren en los embriones y fetos antes de nacer, gracias al diagnóstico prenatal. ¿Por qué sólo se ofrece la oportunidad de nacer a los sanos, y se elimina, en un clima de indiferencia bastante generalizado, a los enfermos? ¿Será que aceptamos el criterio de que el más fuerte y mejor dotado, el sano, vale más, merece vivir, y el enfermo vale menos y puede ser destruido, incluso con el apoyo de “leyes” establecidas por un parlamento?

        Nos horrorizamos cuando se aplican tales discriminaciones para con los adultos. Pero, ¿es que valen menos los fetos que los adultos? ¿No se trata siempre de “vidas humanas”? El esfuerzo de miles de voluntarios que trabajan cada día con los enfermos y los minusválidos nos dice que también el ser humano que sufre merece nuestro amor y puede darnos mucho más de lo que imaginamos.

        La defensa de los más débiles es una tarea inacabada e inacabable. Cada generación debe confrontarse con los valores y antivalores de las generaciones precedentes para encontrar caminos en los que podamos avanzar hacia la defensa de los derechos de todos, también de los más débiles. También de quien vive en el seno de su madre o se encuentra indefenso en un laboratorio de fecundación artificial.

        Defender esas vidas débiles, necesitadas de protección, será lo mínimo que podamos hacer para que el mundo siga adelante en la conquista de los derechos de todos, sin discriminaciones ni arbitrariedades promovidas por quienes tienen ahora poder, técnica y dinero. Su prepotencia no es algo eterno: también los poderosos algún día dependerán completamente de la ayuda de otros. Conviene recordarlo para que algún día no se conviertan en víctimas de leyes injustas promovidas por ellos mismos precisamente cuando sentían estar en el ápice de sus energías... Leyes injustas que, esperamos, encontrarán la heroica oposición de quienes creen en el amor y la justicia por encima de lo que digan algunas leyes que nunca deberían haber existido. Leyes que podemos cambiar ahora, con el uso de aquellos instrumentos de participación desde los que podemos construir un mundo capaz de acoger a todos, también a los más débiles.
   



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viernes, junio 15, 2018

VISIÓN UTILITARISTA DE DIOS

       Al parecer, su dios era algo que servía para hacerla feliz a ella, y no ella alguien destinada a servir a Dios. Su dios era bueno en la medida que le concedía lo que ella deseaba, pero dejaba de ser bueno cuando le hacía marchar por un camino más costoso o difícil.

        Con la oración, nos dirigimos a Dios y le expresamos nuestras inquietudes y preocupaciones. Es cierto que con la oración Dios nos concede lo que le pedimos, pero solo cuando eso que pedimos sea lo que realmente necesitamos. No tendría sentido que nos concediera cosas que no nos convienen, y el hombre no siempre acierta a saber qué es realmente mejor para él. La buena oración no es la que logra que Dios quiera lo que yo quiero, sino la que logra que yo llegue a querer lo que quiere Dios.

        Tratar a Dios como a un fontanero, del que solo nos acordamos cuando los grifos marchan mal, denotaría una visión utilitarista de Dios. Amar a Dios porque nos resulta rentable es confundir a Dios con un buen negocio, una instrumentalización egoísta de Dios. Un dolor, por grande que sea, puede ser el momento verdadero en que tenemos que demostrar si amamos a Dios o nos limitamos a utilizarlo.

        Es verdad que el sufrimiento es a veces difícil de aceptar y de entender. Pero nuestros sufrimientos -ha escrito la Madre Teresa de Calcuta- son como caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.

        Son muchos los males que afligen al mundo y a nuestra propia vida, pero eso no debe llevarnos al pesimismo, sino a la lucha por la victoria del bien. Y esta lucha por la victoria del bien en el hombre y en el mundo nos recuerda la necesidad de rezar.


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jueves, junio 14, 2018

EllaOne: una pieza más del mosaico antivida


La mentalidad antivida es, por su misma naturaleza, destructiva. Busca que un hijo no empiece a existir y, si ya empezó a existir, pone en marcha métodos efica ces para provocar su muerte.

        Esta mentalidad ha sostenido durante siglos y sostiene en nuestro tiempo la elaboración de métodos anticonceptivos altamente “ eficaces ”.

        Como la anticoncepción no siempre funciona, y como muchas veces las relaciones sexuales son realizadas “ sin seguridad ” (sin anticonceptivos), la mentalidad antivida pasa a la siguiente estrategia: impedir que el hijo, en sus fases iniciales, pueda anidar en el útero materno. Es decir, busca poner en práctica acciones interceptivas.

        Por eso existen técnicas y métodos pensados específicamente no como anticonceptivos (aunque a veces también puedan impedir una concepción), sino como interceptivos; es decir, tales técnicas alteran de tal modo el buen funcionamiento del cuerpo femenino, sobre todo del endometrio, que si ha habido una concepción resulte prácticamente imposible que el embrión pueda anidar (implantarse) en el seno materno.

        Son técnicas interceptivas (sin excluir acciones anticonceptivas), por ejemplo, la píldora del día después, así c omo otros métodos presentados bajo el nombre de “ plan B ” o anticoncepción de emergencia (como la espiral o DIU, etc.).

        En este contexto, se ha comercializado en Europa y en otros lugares, desde el año 2009, la píldora EllaOne (en otras ocasiones es presen tada como Ellaone o como ellaOne), cuyo principio activo es el acetato de ulipristal. Es conocida también como píldora de los cinco días después, o de las 72 horas después, y puede actuar “ eficazmente ” por más tiempo, alrededor de 120 horas después.

        Esta píldora se ofrece a quienes, después de una relación sexual no protegida (es decir, potencialmente fecunda por no haber recurrido a anticonceptivos adecuados o haberlos usado mal), tienen miedo de que se haya podido producir una concepción y buscan, como “ solución de emergencia ” , impedir la anidación del propio hijo.

        En la descripción del producto no queda claro esto, pues se explica que EllaOne impide la ovulación (si aún no se ha producido) y, además, produce alteraciones en el endometrio. Tales alteraci ones hacen casi imposible la anidación del embrión en los casos en que se haya fecundado un óvulo.

        Así, podemos leer en un informe sobre el principio activo de EllaOne lo siguiente: “ El principio activo de Ellaone, el acetato de ulipristal, actúa como un modulador de los receptores de la progesterona. Eso significa que ocupa los receptores a los que normalmente se une la progesterona, impidiendo así que la hormona ejerza su efecto. Al actuar sobre los receptores de la progesterona, Ellaone afecta a la ovulación y previene así el embarazo, además de producir cambios en el endometrio ” (http://www.emea.europa.eu/humandocs/PDFs/EPAR/ellaone/H - 1027 - es1.pdf). El texto apenas citado alude de modo muy sutil a la acción del acetato de ulipristal sobre el endometrio, sin especificar que tales cambios impiden la anidación del hijo cuando ha habido concepción, es decir, implican una acción interceptiva.

        Hay que aclarar que algunos de los promotores de la mentalidad antivida han conseguido hacer pensar a muchos que el e mbarazo no inicia con la concepción del hijo, sino con la anidación (implantación) del mismo en el endometrio (o en algún otro lugar, como ocurre en los embarazos ectópicos). Según estas personas, que cuentan en parte con el apoyo de algunos documentos de la Organización Mundial de la Salud, no habría aborto cuando se impide la anidación, sino sólo cuando se actúa sobre un embrión (un hijo) después de la anidación.

        Lo anterior, desde luego, es falso, porque antes de la anidación ya ha empezado a vivir un s er humano (un hijo) en el seno materno. Puesto que un hijo vale siempre, simplemente en cuanto ser humano, es igual de grave acabar con su vida antes de la anidación, o después de la misma, o después de 3 meses de embarazo, o después de 6 meses, o después del parto.

        Por desgracia, para la mentalidad antivida vale casi todo con tal de acabar con la existencia del hijo no amado. La difusión y el uso de los anticonceptivos ha alimentado esa mentalidad hasta el punto de promover el aborto como si se tratase de un derecho (donde aún estaba prohibido), y de abrir cada vez más las puertas al infanticio legal, como ya defiende uno de los principales pensadores de la mentalidad antivida, el australiano Peter Singer que durante años ha enseñado en una de las más impo rtantes universidades de los Estados Unidos, Princeton.

        Más allá de los juegos de palabras, la producción y venta de un producto como EllaOne (y de la píldora del día después, y de la espiral, y de otros métodos presentados como anticoncepción de emergencia) significa una nueva derrota en la defensa de los derechos fundamentales que cualquier ser humano posee simplemente en cuanto ser humano. Sobre todo, implica un ataque directo contra la vida de todos aquellos hijos concebidos (el número será difícil de precisar, pues ni siquiera la madre podrá saber cuándo se produjo una concepción y cuándo la píldora fue “ eficaz ” ) que morirán como consecuencia de la comercialización de una píldora pensada y comercializada para atacar directamente su existencia.

        Desde luego, es justo reconocer que muchas mujeres que tomen EllaOne tras una relación sexual “ a riesgo ” no llegarán a eliminar a un hijo, pues en la mayoría de los casos esas relaciones no habrán dado lugar a ninguna concepción. Pero ello no quita la potencialid ad negativa encerrada en esta nueva píldora, que busca “ disparar a ciegas ” (alterar el buen funcionamiento del sistema hormonal femenino) para que, en el caso de que un hijo “ pase ” por allí, sea posible la “ máxima eficacia ” respecto de su muerte.

        Sobre este nuevo producto y otros métodos interceptivos que ya existen en el mercado, la Iglesia católica ofrece un juicio ético orientado a iluminar las conciencias de las personas de buena voluntad. Podemos leer en la instrucción “ Dignitas personae ” lo siguiente :

        “ Junto a los medios anticonceptivos propiamente dichos, que impiden la concepción después de un acto sexual, existen otros medios técnicos que actúan después de la fecundación, antes o después de la implantación en el útero del embrión ya constituido. Estas técnicas son interceptivas cuando interceptan el embrión antes de su anidación en el útero materno, y contragestativas cuando provocan la eliminación del embrión apenas implantado.

        Para favorecer la difusión de los medios interceptivos a veces se afi rma que su mecanismo de acción aún no sería conocido suficientemente. Es verdad que no siempre se cuenta con un conocimiento completo del mecanismo de acción de los distintos fármacos usados, pero los estudios experimentales demuestran que en los medios in terceptivos está ciertamente presente el efecto de impedir la implantación. Sin embargo, esto no significa que tales medios provocan un aborto cada vez que se usan, pues no siempre se da la fecundación después de una relación sexual. Pero hay que notar que la intencionalidad abortiva generalmente está presente en la persona que quiere impedir la implantación de un embrión en el caso de que hubiese sido concebido y que, por tanto, pide o prescribe fármacos interceptivos.
        (...)
        Como se sabe, el aborto «es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento». Por tanto, el uso de los medios de intercepción y contragestación forma parte del pecado de aborto y es gravemente inmoral. Además, en caso de que se alcance la certeza de haber realizado un aborto, se dan las graves consecuencias penales previstas en el derecho canónico ” (Congregación para la Doctrina de la Fe, instrucción “ Dignitas personae ” sobre algunas cuestiones de bioética, 8 de septiembre de 2008, n. 23).

        Frente a la difusión de EllaOne, una píldora que se convierte en una nueva pieza en el mosaico antivida, vale la pena cualquier esfuerzo orientado para alertar a la gente de sus peligros, para explicar su verdadera naturaleza (EllaOne busca claramente un efecto abortivo si ha habido una concepción), y para rechazarla con firmeza donde haya sido aprobada.

        En ese sentido, la objeción de conciencia del personal sanitario y de los farmacéuticos es no sólo un derecho, sino un deber, en función de su genuina vocación: servir, ayudar, asistir la vida de cualquier ser humano, desde su concepción hasta que llega el momento de su muerte.
   
 

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Acerca de este blog

La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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