sábado, agosto 27, 2016

Santa Mónica: El éxtasis de Ostia

 Estando ya inminente el día en que había de salir de esta vida —que tú, Señor, conocías, y nosotros ignorábamos—, sucedió a lo que yo creo, disponiéndolo tú por tus modos ocultos, que nos hallásemos solos yo y ella apoyados sobre una ventana, desde donde se contemplaba un huerto o jardín que había dentro de la casa, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de las turbas, después de las fatigas de un largo viaje, cogíamos fuerzas para la navegación.

Allí solos conversábamos dulcísimamente; y olvidándonos de lo pasado y proyectándonos hacia lo por venir (Flp 3,139, inquiríamos los dos delante de la verdad presente, que eres tú, cuál sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre concibió (1Co 2,9). Abríamos anhelosos la boca de nuestro corazón hacia aquellos raudales soberanos de tu fuente —de la fuente de vida que está en ti (Sal 35,10)— para que, rociados según nuestra capacidad, nos formásemos de algún modo idea de cosa tan grande.

Y como llegara nuestra plática a la conclusión de que cualquier deleite de los sentidos carnales, aunque sea el más grande, revestido del mayor esplendor corpóreo, ante el gozo de aquella vida no sólo no es digno de comparación, pero ni aun de ser mentado, levantándonos con más ardiente afecto hacia el que es siempre el mismo, recorrimos gradualmente todos los seres corpóreos, hasta el mismo cielo, desde donde el sol y la luna envían sus rayos a la tierra.

Y subimos todavía más arriba, pensando, hablando y admirando tus obras; y llegamos hasta nuestras almas y las pasamos también, a fin de llegar a la región de la abundancia indeficiente, en donde tú apacientas a Israel eternamente con el pasto de la verdad, allí donde la vida es Sabiduría, por quien todas las cosas existen, así las ya creadas como las que han de ser, sin que ella lo sea por nadie; siendo ahora como fue antes y como será siempre, o más bien, sin que haya en ella pasado ni futuro, sino solo presente, por ser eterna, ya que lo que ha sido o será no es eterno.

Y mientras estamos hablando y suspirando por ella, llegamos a tocarla un poco con todo el ímpetu de nuestro corazón (toto ictu cordis); y suspirando y dejando allí prisioneras las primicias de nuestro espíritu, tornamos al estrépito de nuestra boca, donde tiene principio y fin el verbo humano, en nada semejante a tu Verbo, Señor nuestro, que permanece en sí sin envejecerse y renueva todas las cosas (Sab 7,27).

Y decíamos nosotros: Si hubiera alguien en quien callase el tumulto de la carne; callasen las imágenes de la tierra, del agua y del aire; callasen los mismos cielos y aun el alma misma callase y se remontara sobre sí, no pensando en sí; si callasen los sueños y revelaciones imaginarias, y, finalmente, si callase por completo toda lengua, todo signo y todo cuanto se hace pasando —puesto que todas estas cosas dicen a quien les presta oído: No nos hemos hecho a nosotras mismas, sino que nos ha hecho el que permanece eternamente ( Sal 99,3-5) —; si, dicho esto, callasen, dirigiendo el oído hacia aquel que las ha hecho, y sólo él hablase, no por ellas, sino por sí mismo, de modo que oyesen su palabra, no por lengua de carne, ni por voz de ángel, ni por sonido de nubes, ni por enigmas de semejanza, sino que le oyéramos a él mismo, a quien amamos en estas cosas, a él mismo sin ellas, como al presente nos elevamos y tocamos rápidamente con el pensamiento la eterna Sabiduría, que permanece sobre todas las cosas; si, por último, este estado se continuase y fuesen alejadas de él las demás visiones de índole muy inferior, y esta sola arrebatase, absorbiese y abismase en los gozos más íntimos a su contemplador, de modo que fuese la vida sempiterna cual fue este momento de intuición por el cual suspiramos, ¿no sería esto el Entra en el gozo de tu Señor? (Mt 25,21) Pero ¿cuándo será esto? ¿Acaso cuando todos resucitemos, bien que no todos seamos inmutados?(1Co 15,51)

Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas palabras. Pero tú sabes, Señor, que en aquel día, mientras hablábamos de estas cosas —y a medida que hablábamos nos parecía más vil este mundo con todos sus deleites—, ella me dijo:

Hijo, por lo que a mí toca, nada me deleita ya en esta vida. No sé ya qué hago en ella ni por qué estoy aquí, muerta a toda esperanza del siglo. Una sola cosa había por la que deseaba detenerme un poco en esta vida, y era verte cristiano católico antes de morir. Superabundantemente me ha concedido esto mi Dios, puesto que, despreciada la felicidad terrena, te veo siervo suyo. ¿Qué hago, pues, aquí?

Conf- IX, 23-26

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viernes, agosto 26, 2016

Santa Mónica

¡Esperanza mía desde mi juventud!( Sal 70,5) ¿Dónde estabas para mí o a qué lugar te habías retirado? ¿Acaso no eras tú quien me había creado y diferenciado de los cuadrúpedos y hecho más sabio que las aves del cielo? Pero yo caminaba por tinieblas (Is 50,10) y resbaladeros y te buscaba fuera de mí, y no te hallaba, ¡oh Dios de mi corazón!, y había venido a dar en lo profundo del mar (Sal 67,23), y desconfiaba y desesperaba de encontrar la verdad.

Ya había venido a mi lado la madre, fuerte por su piedad, siguiéndome por mar y tierra, segura de ti en todos los peligros; tanto, que hasta en las tormentas que padecieron en el mar era ella quien animaba a los marineros —siendo así que suelen ser éstos quienes animan a los navegantes desconocedores del mar cuando se turban—, prometiéndoles que llegarían con felicidad al término de su viaje, porque así se lo habías prometido tú en una visión.

Me encontró en grave peligro por mi desesperación de encontrar la verdad. Sin embargo, cuando le indiqué que ya no era maniqueo, aunque tampoco cristiano católico, no saltó de alegría como quien oye algo inesperado, por estar ya segura de aquella parte de mi miseria, en la que me lloraba delante de ti como a un muerto que había de ser resucitado, y me presentaba continuamente en las andas de tu pensamiento para que tú dijeses al hijo de la viuda: joven, a ti te digo: levántate (Lc 7,12), y reviviese y comenzase a hablar y tú lo entregases a su madre.

Ni se turbó su corazón con inmoderada alegría al oír cuánto se había cumplido ya de lo que con tantas lágrimas te suplicaba todos los días le concedieras, viéndome, si no en posesión de la verdad, sí alejado de la falsedad. Antes bien, porque estaba cierta de que le habías de dar lo que restaba —pues le habías prometido concedérselo todo—, me respondió con mucho sosiego y con el corazón lleno de confianza, que ella creía en Cristo que antes de salir de esta vida me había de ver católico fiel.

Esto en cuanto a mí, porque en cuanto a ti, ¡oh fuente de las misericordias!, redoblaba sus oraciones y lágrimas para que acelerases tu auxilio y esclarecieras mis tinieblas, y acudía con mayor solicitud a la iglesia para quedar suspensa de los labios de Ambrosio, como de la fuente de agua viva que salta hasta la vida eterna (Jn 4,14). Porque amaba ella a este varón como a un ángel de Dios, pues conocía que por él había venido yo en aquel intermedio a dar en aquella fluctuante indecisión, por la que presumía segura que había de pasar de la enfermedad a la salud, salvado que hubiese aquel peligro agudo que, por su mayor gravedad, llaman los médicos «crítico».
Conf. VI, 1

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jueves, agosto 25, 2016

Santa Mónica

Pues Dios aceptó tu llanto
Mónica, madre piadosa,
alivie nuestro quebranto
tu intercesión poderosa.

Conseguiste que Agustín
abandonando el pecado,
se hiciera cual serafín
de amor divino abrasado.

Y que se hizo tan gran santo
por tu oración fervorosa
alivie nuestro quebranto
tu intercesión poderosa.

Con paciencia y oración
viste aquel caso asombroso
de alcanzar la conversión
de tu hijo y de tu esposo.

Conseguiste cambio tanto
por devota y obsequiosa;
alivie nuestro quebranto
tu intercesión poderosa.

Siempre te alivió en tu pena
la que es Madre del Consuelo;
porque siempre de amor llena
te miraba desde el cielo.

Pues viviste bajo el manto
de la Madre más hermosa
alivie nuestro quebranto
tu intercesión poderosa.

En éxtasis misterioso
fuiste al cielo arrebatada;
desde este día dichoso
tu alegría fue colmada.

Ya que el celestial encargo
fue una gracia tan preciosa
Alivie nuestro quebranto
tu intercesión poderosa.


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miércoles, agosto 24, 2016

Invitación

Los Padres Agustinos Recoletos y la Comunidad de madres cristianas "Santa Mónica” invitan a todas las asociadas y familiares a las Eucaristías que, con motivo de la fiesta de Santa Mónica, se celebrarán el día sábado 27 del presente:

1.-     En la parroquia SANTA RITA DE CASIA, sita en C. Amelio Placencia, 135, en Miraflores, (altura de la cuadra 20 de la Av. Benavides) a las 19:00 (siete de la tarde).  (Tfno. 445 31 39).

2.    En la parroquia SANTA MARÍA MAGDALENA, sita en San Martín 1138, Pueblo Libre, a horas 19:30 (7.30 de la tarde). (Tfno.  4630514).

3.-    En el Seminario SAN EZEQUIEL MORENO, sito en Camino del Inca 700, (altura cdra. 8 de la Avda. Universitaria, San Miguel a horas 19:00 (siete de la tarde). Las madres de la parroquia Nuestra Señora de la Caridad celebrarán a la Patrona en el Seminario San Ezequiel Moreno.


               




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Acerca de este blog

La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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