viernes, noviembre 13, 2015

Una gracia por otra gracia

¿Qué significa, pues, gracia por gracia? La fe nos hace acreedores de Dios y se llama gracia porque, quienes no éramos dignos de recibir el perdón de los pecados, recibimos, indignos, tan gran don. ¿Qué significa «gracia»? Dada gratis. ¿Qué significa «dada gratis»? Regalada, no pagada. Si se debía, es salario pagado, no gracia regalada. Ahora bien, si realmente se debía, fuiste bueno. Si, en cambio, como es verdad, fuiste malo, pero has creído en el que justifica al impío (Cf Rm 4,5) —¿qué significa «que justifica al impío»?, convertir en piadoso al impío—, piensa qué debía amenazarte mediante la Ley y qué has conseguido mediante la gracia. Ahora bien, tras conseguir esta gracia de la fe, eres un justo por la fe, pues el justo vive por la fe (Rm 1,17; Ha 2,4), y viviendo de la fe te harás acreedor de Dios; cuando viviendo de la fe te hayas hecho acreedor de Dios, recibirás como premio la inmortalidad y la vida eterna. También ésta es gracia, porque ¿en virtud de qué méritos recibes la vida eterna? Por gracia. Sin duda, si la fe es gracia y la vida eterna es como un salario de la fe, parece realmente que Dios otorga la vida eterna como debida —¿debida a quién?, al fiel, porque mediante la fe se ha hecho acreedor a ella—; pero, porque la fe es gracia, también la vida eterna es gracia por gracia.

 Oye al apóstol Pablo confesar la gracia y después exigir lo debido. ¿Cuál es en Pablo la confesión de la gracia? Yo que primeramente fui blasfemo y perseguidor e injurioso; pero he conseguido, dice, misericordia  1Tm 1,13) Ha dicho que era indigno de conseguirla, pero que la ha conseguido no por sus méritos, sino por la misericordia de Dios. Óyele reclamar ya lo debido, él, que primeramente había recibido la gracia inmerecida: Pues yo, dice, soy inmolado ya, y el tiempo de mi partida es inminente. He combatido noblemente mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me está reservada la corona merecida. Ya reclama lo debido, ya exige lo debido.

Efectivamente, ve tú las palabras siguientes: Con que el Señor, justo juez, me premiará aquel día (2Tm 4,6-8). Para recibir antes la gracia, tenía necesidad de un Padre misericordioso; para recibir el premio de la gracia, necesita un justo juez. Quien no condenó al impío, ¿condenará al fiel? Pero si bien lo piensas, él ha dado primeramente la fe con que te has hecho acreedor a él, pues no se debe a ti el haberte tú hecho acreedor a que se te debiera algo. Porque, pues, otorga después el premio de la inmortalidad, corona sus dones, no tus méritos.

De su plenitud, pues, hermanos, todos hemos recibido: de la plenitud de su misericordia, de la abundancia de su bondad hemos recibido ¿qué? La remisión de los pecados, para quedar justificados por la fe. ¿Y qué más? Y gracia por gracia (Jn 1,16), es decir, por esta gracia en que vivimos de fe, recibiremos otra. ¿Qué empero, sino gracia? Porque, si digo que también esto se me debe, me asigno algo como si se me debiera. Pero no es así. Dios en nosotros corona los dones de su misericordia, pero si caminamos perseverantemente en esa gracia primera que hemos recibido.
Ev, Jn Trat, III, 9-10

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La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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