¿HAS ACOGIDO YA A CRISTO EN TU CORAZÓN?
Jn 1, 6-8.19-28: Juan era la voz, Cristo es la Palabra
Juan era la voz; el Señor, en cambio, la Palabra que existía en el principio. Juan es la voz temporal; Cristo, la Palabra eterna que existía en el principio.
Quita la palabra; ¿en qué se convierte la voz? Cuando nada significa, es un ruido vacío. La voz sin palabra golpea el aire, pero no edifica el corazón.
Pero consideremos cuál es el orden de las cosas en el mismo hecho de edificar nuestro corazón. Si pienso en algo para decirlo, ya está la palabra en mi corazón; pero, si quiero hablarte a ti, me preocupo de cómo podrá estar en tu corazón también lo que ya está en el mío. Buscando el modo como puedo llegar a ti y plantar en tu corazón la palabra que ya está en el mío, asumo la voz, y, una vez asumida, te hablo. El sonido de la voz te conduce hasta la comprensión de la palabra; y, una vez que ha cumplido esta función, el sonido pasa, pero la palabra que el sonido llevó hasta ti está ya en tu corazón sin haberse alejado del mío. Una vez que el sonido ha trasladado la palabra hasta ti, ¿no parece que el mismo te dice: Conviene que ella crezca y que yo mengüe? El sonido de la voz resonó para cumplir un servicio y se alejó como diciendo: Este gozo mío se ha cumplido. Retengamos la palabra; no perdamos la palabra concebida en la médula de nuestro ser.
¿Quieres ver la voz que pasa y la divinidad de la Palabra que permanece? ¿Dónde queda ahora el bautismo de Juan? Cumplió su función y desapareció; ahora el que se frecuenta es el bautismo de Cristo. Todos creemos en Cristo y esperamos de él la salvación. Esto mismo lo dijo la voz.
Pero como es difícil distinguir la palabra de la voz, hasta el mismo Juan fue considerado como el Cristo. La voz fue confundida con la palabra; pero la voz se conoció a
sí misma para no ofender a la palabra. No soy, dijo, el Cristo, ni
Elias, ni un profeta.
Le respondieron: —Entonces, ¿quién eres tú? —Yo soy, dijo, la voz del que clama en el desierto: «Preparad los caminos al Señor.» La voz que clama en el desierto, la voz del que rompe el silencio. Preparad los caminos al Señor: como si dijera: «Mi sonido va dirigido a hacer que él entre en los corazones; pero no se dignará venir al lugar donde yo quiero introducirlo a no ser que le preparéis el camino». ¿Qué significa: Preparadle el camino, sino: «Suplicadle como es debido»?
¿Qué significa: Preparadle el camino, sino: «Tened pensamientos de humildad»? Recibid de él el ejemplo de humildad. Lo toman por Cristo, y dice que no es aquel por quien lo toman; no se apropia del error ajeno ni siquiera para alimentar su orgullo. Si hubiese dicho que era él, ¡qué fácilmente hubiesen creído a quien ya creían antes de decir nada él! Pero no lo dijo; reconoció quién era, se diferenció de Cristo, y se humilló. Vio dónde estaba su salvación; comprendió que era una lámpara, y temió que el viento de la soberbia la apagara.
Sermón 293, 3





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