domingo, junio 19, 2016

XII Domingo del Tiempo Ordinario (C) - Reflexión-

Este fragmento del evangelio de Lucas parte en dos la vida pública de Jesús: es el final de la misión de Jesús en Galilea, con una serie de acciones milagrosas a favor de los enfermos, predicación de la Palabra que llegaba al corazón de todos, multiplicación de los panes, entre la admiración y aplauso de las gentes, y, en adelante, el camino de subida a Jerusalén, donde va a sufrir el acoso por parte de los poderes político religiosos, el rechazo creciente de parte de muchos, la pasión y la muerte.

Y es en este momento cuando formula a sus discípulos unas preguntas acerca de él mismo. ¿Quién dice la gente que soy yo?  Es lo que ahora llamaríamos un sondeo de opinión o una encuesta a pie de calle. 

Las variadas respuestas dan idea de las diferentes opiniones que había en el pueblo acerca de Jesús. Todas ellas referentes a un mesías guerrero, triunfador y glorioso…También hoy serían muy variadas, algunas contradictorias, en las gentes de nuestro tiempo, nuestro país, incluso en la parroquia si preguntáramos qué pensamos de Jesús.

Pero no interesa tanto a Jesús las respuestas de la gente. La pregunta importante la formula a continuación y la dirige a sus discípulos: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Después de convivir con él, después de oír sus palabras y de ver sus hechos, esperaba que se fuera perfilando la idea acerca del Mesías. La respuesta la da Pedro, como siempre, pero afirma algo que no excluye del todo la idea que tenía el pueblo. Todavía cree y espera un Mesías político religioso.

Esto ocurrió entonces, y esto ocurre también ahora. Es decir, también Jesús nos pregunta hoy qué pensamos acerca de él. Y espera una respuesta, no la aprendida de los libros de catecismo, sino lo que cada uno de nosotros siente, experimenta y cree acerca de él. ¿Qué dicen de Jesús las gentes que todos los días llenan y atiborran nuestras calles, los jóvenes con sus fiestas los fines de semana y quienes no van a ellas, los veraneantes en las playas y en la montaña? ¿Qué dicen de Jesús los medios comunicación social (prensa, radio, televisión…), la cultura en sus diversas manifestaciones, (libros, cine, teatro…), el mundo del trabajo, mis amigos?
¿Qué dices tú acerca de Jesús, qué decimos cada uno de nosotros? ¿Qué puedo decir yo, desde mi vida de fe, o en cuanto creyente, y no tanto desde los libros, acerca de Jesús? 

¿Es sólo un personaje muy importante en la historia de la humanidad, que cambió el rumbo de la historia, admirable por sus hechos, maestro de multitudes, obrador de milagros y que culminó su vida en una cruz? ¿O es alguien que resucitó y vive hoy, amigo y hermano, camino que me lleva al Padre, que me ofrece y me regala una vida siempre nueva?

¿Qué dice, no tanto tu mente, cuanto tu corazón y el mío? ¿Es alguien sólo digno de admiración y encanto, por su mensaje, su vida, sus hechos, su misma persona? ¿O alguien, más bien, que está a tu lado, que comparte tu vida, te conduce y te lleva, como dice el salmo, a los mejores pastos, que se te ofrece en alimento para que no mueras y tengas vida? ¿Es el todo para ti, como lo era para san Pablo y para sus más fieles seguidores? 

¿Cómo sientes su presencia en tu misma vida? ¿Es alguien que te exige y manda, que castiga o premia según tu comportamiento, o, más bien, el amigo fiel, que te comprende y te ama, anima tu esperanza, lo único que merece la pena? ¿Consideras todo lo demás, como decía San Pablo basura o pérdida, comparado con la única riqueza que es Cristo? 

¿Qué es hoy lo más importante en tu vida, lo que está por encima de todo? ¿Es Jesús, o es, más bien, cualquier otra cosa, por muy valiosa o legítima que ella sea? ¿Qué te pide hoy Jesús? Escucha lo que dice a continuación: El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará.

Es todo un programa de vida. Algún ejemplo: Una madre, cuando lo es de verdad, se niega a sí misma porque no busca su propio bien, sino el de sus hijos y su esposo, asume y carga la cruz que conlleva su misión de madre (trabajo, desvelos, preocupación constante, sufrimiento, etc.). Todo esto es propio de su condición de madre. Si buscase, por encima de todo, su propio bien, la familia sería un desastre. Pero si para ella lo primero y más importante es el esposo y los hijos, la familia será otra cosa.

Valga este ejemplo para decirnos cómo tiene que ser nuestra vida de seguidores de Jesús. El camino de seguimiento de Jesús no es fácil; comporta esfuerzo y renuncias (es la cruz), pero lleva a la vida. ¡Qué distinto sería nuestro mundo si viviéramos de esta forma! Sería más humano, más justo, más pacífico, más lleno de amor generoso y fecundo. Es lo que nos propone hoy Jesús, el maestro, el amigo fiel, el Mesías, el único Salvador.
P. Teodoro Baztán Basterra

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La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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