miércoles, julio 04, 2018

RAZONES PARA OBRAR EN LA ADVERSIDAD

     Afortunadamente, han quedado muy atrás aquellos moralismos austeros de otros tiempos, con esa exagerada exaltación del sacrificio y con desproporcionados sentimientos de culpa. Ahora, sin embargo, habría que preguntarse: ¿es posible vivir rectamente sin sacrificio y sin una adecuada noción de culpa?

        Es verdad que, habitualmente, la generosidad es preferible al egoísmo. Y que, al menos a largo plazo, el camino de la virtud es más atractivo que el camino del vicio. Pero esto no siempre aparece así de claro. Y es precisamente en esas situaciones, en las que lo bueno se nos presenta rodeado de inconvenientes, y en cambio lo malo aparece ante nosotros con un enorme atractivo, es entonces cuando la ética se hace más necesaria. Y esa ética debe ofrecer razones para obrar en la adversidad. Ahí está el punto débil de esa ética light que se niega a exigir el suficiente nivel de sacrificio: que luego nos deja en la estacada precisamente cuando más la necesitamos.

        ¿Quién no se ha encontrado en el dilema de tener que elegir entre pasar por un pobre escrupuloso o bien ceder ante el dinero fácil, la mujer del vecino o la seducción de la mentira?
Se trata de situaciones que pueden presentarse a cualquiera, antes o después, con mayor o menor frecuencia. En esos momentos, la tentación siempre nos invita, sonriente, a superar prejuicios y estrecheces morales. Y será bien fácil que nos seduzca si el propio discurso moral se reduce a corrección, buena voluntad, decencia..., pero ni el más pequeño sacrificio.

        Sin embargo, el sacrificio es el gran tema de la ética. Es una ingenuidad pensar que se puede amar a alguien, repartir bienes escasos, respetar ideas distintas o proteger el medio ambiente..., sin sacrificio. Toda existencia auténtica topa en no pocas ocasiones con la contrariedad del bien arduo, pues no siempre coincide lo bueno con lo que más va en nuestro provecho o nuestro interés.

        —Estás describiendo la ética como algo muy cuesta arriba...

        Hay cuestas arriba, pero efectivamente no quisiera teñir la virtud de un aspecto hosco o antipático. La excelencia moral nunca debe perder su verdadero rostro, que es siempre amable y liberador. Además, la virtud es un hábito bueno, y como tal, facilita los actos buenos y permite una atenuación progresiva del esfuerzo.
   

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La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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